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A propósito de Llewyn Davis

A próposito de Llewyn Davis, la última película de los Coen. Sólo esta frase ya es todo un peso y uno de los obstáculos o suertes que puede padecer la película. Siempre se espera algo grande de ellos pues es a lo que nos tienen acostumbrados aunque últimamente la cosa haya tenido un cierto bajón. Ciertamente algo más bien grande es lo que nos ofrecen con su última creación, una intensa historia de infinito debacle que se ceba sobre Lewyn Davis un cantante folk al que todo le va mal en la vida y ya no sólo es que le vaya mal, es que cada vez le va peor.

A próposito de Llewyn Davis

Ante semejante panorama parece que estemos ante un drama de esos que no dejan que se te seque la lágrima ni un segundo, pero nada más lejos. Los directores logran darle a toda esta desazón un cierto toque agradable, incluso dulce me atrevería a decir. Lo convierten en una fábula sobre un pobre desgraciado que no logra avanzar. Sin grandes planos, aunque alguno hay, ni grandes escenas a recordar, aunque alguna hay también, A propósito de Llewyn Davis se convierte en una película de esas que, personalmente, encuentro particularmente difíciles de comentar. Se reconoce a la legua que tiene algo que atrapa pero que, a la vez, seguramente por las expectativas creadas “gracias” a la costumbre de hinchar algunas producciones con maravillosos comentarios antes de que se estrenen, obliga a pronunciar ese odiado “pues esperaba algo más”. Y esta dicotomía se produce en todos los aspectos de la película. Una vida decadente narrada mediante un guión maravillosamente sencillo que, a ratos, roza el traspaso por la fina puerta que lleva a la desgana. Lo mismo con los planos, los ambientes o los personajes. Curioso el caso de los actores en el que se logra que un gato, el gato Ulises (quedaos desde ya con este nombre) eclipse en expresiones a una Carey Mulligan que simplemente está. Caso contrario al de Oscar Isaac quien realiza una magnífica interpretación.

Crítica de la película A próposito de Llewyn Davis

Pero atención que decimos roza, no que llegue a traspasar la puerta. Esa es la magia que encuentro en la película que sin una razón evidente te va enganchando y lo que podría ser una historia, sobre un músico más, se convierte en algo que se asemeja mucho a una delicia que apetece degustar.

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