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Crítica de la película Alias Grace

Al finalizar al año, es hora de hacer balance sobre lo mejor y lo peor que han dado de sí los últimos doce meses respecto a obras audiovisuales. Es así como surgen diversas listas, ya sean hechas por medios o por una persona en particular. Si uno empieza a leer estos tops sobre series, verá que la inmensa mayoría nombra a The Handmaid’s Tale entre lo mejor del año. Su temática aplicable al contexto social actual, su muy cuidada factura técnica y sus impresionantes actuaciones son algunos de los motivos por los que se ha ganado tantos aplausos y se ha acabado coronando como la gran vencedora en la pasada edición de los premios Emmy. Sin embargo, no es la única adaptación de una novela de Margaret Atwood que ha llegado a la pequeña pantalla este año.

Basada en la novela homónima, la acción se sitúa en Canadá durante el siglo XIX. Allí la joven Grace Marks lleva unos años encarcelada por unos crímenes en los que se vio supuestamente involucrada. Sin embargo, tiene sus defensores que claman su libertad, pues no creen que ella fuera capaz de semejantes acciones. Gracias a estos defensores, el Doctor Simon Jordan, un reputado psiquiatra, se entrevistará con Grace para llegar al fondo de la cuestión y ver si ella es culpable o no. Durante estas entrevistas, Grace contará la historia de su vida hasta el momento clave.

Leyendo el argumento, el punto de partida es simple: Saber si el personaje protagonista realizó o no realizó los crímenes de los que se la acusa. Para ello, se vale de una herramienta narrativa que es el contar la historia desde un punto de vista muy concreto como es el de la propia Grace. Algo similar a lo que ocurría con Perdida. Pero mientras la cinta de David Fincher tenía dos narradores poco fiables, en el caso de Alias Grace solo hay una perspectiva, y es cosa del espectador decidir si lo cree o no.

Alias GracePodría parecer en un primer momento que ver casi toda la vida de Grace es simple relleno. Y la verdad es que al principio no estaba muy convencida del por qué querían contar tanto contexto, sin embargo, a medida que la historia va avanzando tanto en el presente como el pasado, se empieza a entrelazar todo, y todos los detalles incluso el que parece más insignificante tiene su relevancia.

Si a nivel narrativo por la duda que genera el personaje de Grace está a la altura y hace que el espectador quiera seguir sabiendo de la historia, a nivel artístico también es una delicia. Desde los decorados y los vestuarios pasando por la fotografía, todo el acabado visual luce a la perfección y transporta al siglo XIX. Quisiera hacer hincapié en recalcar la labor de dirección de Mary Harron, encargada de dirigir los seis episodios que componen esta miniserie y que es más conocida por ser la directora de American Psycho, otra película en la que la ambigüedad cobraba una gran importancia.

Ya que he mencionado a Mary Harron, no podría dejarme a la encargada de adaptar el texto de Atwood al formato televisivo: Sarah Polley. Al no haber leído esta novela en concreto, no puedo juzgar si la labor en este sentido es la adecuada. Lo que sí se puede afirmar es que si se conocen un poco los temas que suele tocar la autora en sus obras se puede apreciar mejor lo conseguido en esta ocasión. Porque puede que el eje central de la historia sea Grace Marks, pero su historia sirve para reflexionar sobre ciertos temas como son el papel de la mujer en la sociedad y como esa sociedad tiene una marcada doble moral.

En estas líneas se les ha reconocido el mérito en especial a las mujeres encargadas de dirigir y escribir la historia, y como no podía ser de otra manera, la tercera punta de este maravilloso tridente es Sarah Gadon, quien da vida a Grace. Si he de ser sincera, había visto pocos trabajos de esta actriz, y en todos ellos solo me daba la impresión de que era una chica con mucho encanto. En cambio, el trabajo titánico que hace en esta miniserie es digno del más efusivo aplauso. Su uso de la voz en off, su dicción o sus calculados gestos son algunos de los rasgos que hacen de Grace un personaje complejo, pero no antipático. Y mención aparte a una escena en el último capítulo que no entiendo cómo no se ha hablado más de ella.

Alias Grace

Si hay que decir las cosas que le restan perfección al producto serían dos. La primera es que no todas las actuaciones están a la altura, como es por ejemplo el caso de Anna Paquin, No sabría decir qué falla en ella, pero en lo personal me chirría. Y la segunda es que después de dar tantas vueltas sobre el asunto de la culpabilidad de Grace se produce un final en el que no se resuelve nada y queda todo muy ambiguo. Es coherente con el mensaje de la historia, aunque creo que podría haber sido más contundente.

En resumen, es una miniserie que inevitablemente atrapa al espectador y que no le suelta hasta que ha terminado, con un gran talento detrás de todas las capas que componen el producto y una obra muy infravalorada cuando tiene todos los ingredientes para fascinar al público.

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