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Por fin he saldado una de mis deudas pendientes. Han pasado muchos años y durante ese tiempo he tenido la oportunidad de escuchar y leer todo tipo de opiniones polarizantes sobre esta película. Y finalmente hoy me toca a mi dar mi veredicto.

Christine es una joven común y corriente. Tiene un trabajo decente en un banco y una relación estable con su novio Clay. Sin embargo, su objetivo es ascender de puesto en el banco. Es por ello que cuando una anciana gitana va al banco para suplicar que le concedan más tiempo para pagar la hipoteca, Christine para impresionar a su jefe se niega. Lo que Christine no sabe es que esa decisión provocará la irá de la anciana y como venganza, le lanzará un maleficio.

Antes de comenzar a explayarme, quiero dejar muy claro que el hombre detrás de esta cinta no es otro que Sam Raimi. Para el gran público el nombre es conocido por ser el responsable de la primera trilogía de Spider-Man, pero mucho antes de su incursión en el mundo de los superhéroes este director americano firmó otra trilogía: Ese clásico de culto, de la comedia y de la serie B más gamberra que es Posesión Infernal. Aclarado este punto, que lo dicho sirva de referencia para lo que el espectador puede encontrar con este otro trabajo.

Pese a lo leído en la sinopsis, este film es claramente una comedia. Y cualquiera que no sea consciente de que ante todo es una comedia, acabará decepcionado. Claro que tiene sus momentos en los que busca el susto del público, desde luego que tiene sus puntos dramáticos, pero lo que está por encima de todo es la comedia. No es el humor referencial e inteligente de Zombies Party, no tiene el humor paródico de la saga Scream y ni siquiera es un derroche de casquería como el de Braindead: tu madre se ha comido a mi perro. El mejor ejemplo de qué clase de comedia puede serle parecida es la propia Posesión Infernal, y eso no se puede describir. Hay que verlo para entenderlo.

Arrástrame al infierno

Además de agradecer las carcajadas que me hecho soltar con todo lo que le sucedía a Christine a causa de la maldición (la escena del banco y la de la cabra son dos de los mejores ejemplos hasta que punto la historia es una comedia de serie B), he de reconocerle que también tiene algún que otro susto conseguido y algún que otro guiño a Pesadilla en Elm Street. Y dichos sustos están logrados debido a la preparación, al uso de los planos cenitales y aberrantes que ayudan a conseguir esa distorsión de la realidad y al empleo de los zooms. No inventa la rueda, pero desde luego sabe como inquietar mínimamente al espectador. Del mismo modo, también hay varias ocasiones en las que los escenarios son muy vistosos y se retroalimentan con la fotografía.

En cuanto a las actuaciones se refiere, pese a lo poco que sale, me quedo con la anciana gitana, pues en todas sus escenas está pasadísima de vueltas y resulta muy divertida de mirar. También destaco a Alison Lohman como Christine, que sin ser una actriz con un carisma apabullante ni una scream queen para el recuerdo, sí que es cierto que el gran peso de la cinta recae sobre ella y Lohman lo lleva con mucha soltura hasta que finalmente abraza con los brazos abiertos la comedia y suelta cada comentario que es para levantarse y aplaudir. Ash Williams estaría orgulloso.

Arrástrame al infierno

Pero si hablamos de serie B y de una historia que no termina de tomarse en serio a sí misma, tengo que pasar por esos efectos especiales. Siendo plenamente consciente de lo que estaba viendo y del año en el que se hizo la película, tengo sentimientos encontrados con esos efectos digitales que resaltan mucho sobre el conjunto, aunque desconozco si está hecho a propósito, si los responsables ni siquiera lo están intentando o si el resultado es el que es. Aun después de haberla visto no sé que opinar al respecto.

En pocas palabras, es el perfecto entretenimiento para ver con un par de cervezas y palomitas. Aunque quizá si uno es muy sensible esta última sugerencia se la puede ahorrar.

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