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Atómica

Algunos lo llaman casualidad. Otros lo llaman suerte. E incluso otro grupo de personas puede decir que se trata de una alineación de los astros. Sea cual sea el nombre escogido, todos son válidos, porque hay ocasiones en las que un proyecto audiovisual es llamativo desde el minuto uno por su temática, los actores y los implicados detrás de las cámaras. Hoy vengo a hablar de una de esas ocasiones con las que uno entra a la sala de cine con las mejores expectativas posibles y sale agradecido una vez se han encendido las luces.

Basada en la novela gráfica de Antony Johnston y Sam Hart, nos situamos en 1989 en Berlín, justo cuando la ciudad estaba dividida por el muro que al mismo tiempo dividía al país. Un agente del MI6 es asesinado y una lista con las identidades de todos los agentes occidentales es robada. Lorraine Boughton, una agente del MI6, es enviada a Berlín con el objetivo de recuperar esa lista a cualquier coste.

Tal y como he mencionado más arriba, uno de los principales motivos por los que esta cinta llamó mi atención fue el hecho de que era obra de uno de los directores de John Wick. Este dato ya puso en contexto que fuera cual fuese el resultado final, las secuencias de acción serían impecables. Pero mientras la película protagonizada por Keanu Reeves era claramente una cinta de acción con ciertos toques de suspense, en el caso de Atómica es lo opuesto, pues es un film de suspense (más concretamente de espías) con unas escenas de acción muy bien hechas. ¿Qué quiero decir con esto? Que tiene una trama algo más complicada en la que el espectador debe poner atención para no perderse detalle. Además, la historia no está contada de forma lineal, lo cual a veces era una gran baza y por el contrario en otras ocasiones afectaba al ritmo en general. Pero en líneas generales, es como ver un capítulo alargado de Alias. 

AtómicaPese a que su modo de contar la historia es el rasgo con el que más he tenido problemas a lo largo del metraje, tengo muchas más virtudes que alabar. Para empezar, como no, toda la estética. La novela gráfica en la que se basa es en blanco y negro, por lo que se le confiere un caracter más sobrio y frío a una historia de espías. Y esos tonos sobrios y fríos siguen presentes es su adaptación a la gran pantalla, presentando unos exteriores de Berlín muy grises y azulados. Esto crea un gran contraste con los colores de neón en los interiores de la ciudad alemana, una ciudad poblada por clubs undergound, hoteles y locales de lujo. Por si eso fuera poco, la película teniendo en cuenta su origen entre las viñetas emplea rótulos como graffitis con colores de neón, un pequeño detalle que le añade mucha personalidad. Y por supuesto, la música. Esa banda sonora que está tan presente como si se tratase de un personaje más, que se adapta como un guante a lo que sucede en pantalla y que hará las delicias de los fans de la música de los años 80 y 90.

¿Qué puedo decir de los actores? Todo lo bueno que pueda decir es poco o ya se ha dicho. Después de Mad Max: Furia en la carretera, Charlize Theron ya demostró que tenía todas las papeletas para convertise en una heroína de acción contemporánea, pero tras ver su trabajo aquí se reafirma. Ella como Lorraine consigue un personaje complejo que logra ser calculadora e inteligente sin llegar a resultar antipática, utilizar su belleza cuando es necesario y al mismo tiempo, demuestra ser más que capaz de patear todos los culos que se le pongan por delante. Y sí, es ella la que hace la mayoría de sus escenas de acción en la que es golpeada y los moretones se sienten reales, siendo el máximo exponente de sus habilidades físicas un plano secuencia de 10 minutos por unas escaleras que está destinado a ser un clásico del género y por el que todavía tengo los ojos fuera de las órbitas. Pero además del personaje protagonista, el otro rey de la función es indiscutiblemente James McAvoy, intepretando a un personaje canalla, con el punto justo de humor y muy, muy impredecible. Desde luego, este hombre lleva una racha increíble este año. Y el resto de secundarios como Sofía Boutella, John Goodman o Bill Skarsgard, aunque tienen unas apariciones más breves y unas funciones más limitadas, están francamente bien.

Atómica

En resumen, es un film al que le he encontrado muchas más virtudes que defectos. Sin embargo, esos defectos pesan. Ya he hablado de que contar la historia a modo flashback no siempre era una decisión inteligente, pero tampoco es la mejor decisión que el clímax esté plagado de tantos giros. Porque al final, al poblar el cierre de la película con tanta cantidad de giros de alguna forma se pierde la verosimilitud y se da la sensación de querer alargar la trama porque sí, cuando quizá hubiese sido mejor acabar la cinta unos minutos antes. De todos modos, es una satisfacción ver que una de mis películas más esperadas del verano ha cumplido con las altas expectativas que tenía en ella y de comprobar que David Leitch es más que competente de forma individual. Eso debería contentar a los que esperan con ganas Deadpool 2.

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