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Crítica película Brawl in cell block 99

Después de su paso por diversos festivales como Venecia, Toronto, Sitges o la reciente Muestra Syfy, la película que vengo a comentar hoy llega finalmente al mercado doméstico español y a plataformas de vídeo bajo demanda. Y aunque quizás de este modo no adquiera gran visibilidad, voy a intentar aportar mi humilde opinión sobre la cinta en cuestión.

Bradley Thomas es un antiguo boxeador que intenta ganarse la vida como mecánico. Sin embargo, al perder su empleo se verá obligado a aceptar un encargo como traficante de drogas con la mala suerte de que las autoridades le atrapen y posteriormente acabe en la cárcel.

Uno de los motivos por los que más ganas tenía de echarle el ojo a este proyecto era porque la anterior película de su director, Bone Tomahawk, consiguió sorprenderme muy gratamente por la mezcla de géneros que proponía y porque consiguió que más de una escena se me quedase grabada en la retina. En esta ocasión, se pasa a un drama carcelario, pero con la misma brutalidad que en su debut. Y al igual que ocurría con la película de 2015, requiere que el espectador se arme de mucha paciencia para que toda la violencia acabe explotando en la cara por todo lo alto.

Brawl in cell block 99

De hecho, me atrevo a decir que en este caso en particular lo que se ha vendido como un drama sobre el crimen y la cárcel no se produce hasta casi la hora de metraje. Como consecuencia, esto deriva en que el primer acto donde prima la preparación y el conocer al personaje de Bradley se alarga muchísimo de forma innecesaria y parece que no lleva a nada. Por lo tanto, con una diferencia en la acción tan notable es inevitable notar un cambio muy brusco en el ritmo del film, pues se pasa de la presentación a que toda la acción ocurra de golpe.

El que haya tanta presentación no significa que todo sea malo. Una de las virtudes se traduce en que el espectador conoce más a fondo a Bradley, sus motivaciones y como es un hombre que no se detendrá ante nada para conseguir sus objetivos. Y pese a toda la fachada y sus acciones de tipo duro, al final del día solo es un hombre que quiere que a su mujer no le pase nada malo, un motivo noble y que no deja de ser creíble. Pero eso no quiere decir que no esté dispuesto a recurrir a la violencia, pues ya en los primeros minutos se puede ver como destroza un coche con sus propias manos y sin sufrir apenas daños, un acto que es toda una declaración de intenciones para lo que viene a continuación.

Brawl in cell block 99

Y es que la mayor sorpresa no es la facilidad con la que Bradley rompe huesos y aplasta cráneos como si fueran huevos, que también, sino que el encargado de darle vida al personaje sea Vince Vaughn, un actor que, en lo personal asocio a la comedia, pero es que después de este rol no podré mirarle con los mismos ojos por el que tal vez sea su mejor interpretación hasta la fecha solo por lo diferente que es respecto al resto de su filmografía.

Pero volviendo al tema de la violencia, el que esperase encontrar peleas muy coreografiadas y a base de armas que se vaya olvidando. Aquí las escenas de lucha son a base de puños y no hace falta más. Acompañan unos planos muy largos para mostrar que son los propios actores los encargados de las escenas de pelea sin necesidad de dobles para tener luchas excesivamente bestias pero disfrutables. La única pega es que esas luchas dignas de ver se vean empañadas por una fotografía con la que hay que hacer esfuerzos para ver lo que hay en pantalla. Una lástima que todo el salvajismo que ofrece la historia no luzca tanto debido a la limitada factura técnica.

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