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Daybreakers | Crítica de la película

En alguna ocasión he comentado por estos lares que los vampiros son una criaturas que me fascinan. A pesar de la sobre exposición que tuvieron hace unos años en los medios, probablemente a estas alturas de mi vida nunca deje de ver o leer cosas sobre ellos. Menos cuando hay una historia con un planteamiento tan interesante y que se centra más en la ciencia ficción que en el terror.

Situados en el año 2019, después de que una plaga asolase la tierra, gran parte de la población mundial acabó transformada en vampiro. Los vampiros son la especie predominante en el planeta, mientras que los humanos empiezan a escasear. De hecho, los pocos seres humanos que quedan son cazados y capturados para que las grandes empresas controladas por vampiros puedan exprimirles toda la sangre y alimentar a la población. El problema llega cuando la sangre se empieza a agotar, y los vampiros deberán encontrar un sustituto de la sangre o una solución más drástica.

Tras leer la sinopsis, lo primero que se me vino a la cabeza es ¿por qué no se le ha ocurrido a nadie antes? Lo habitual es ver a estas criaturas nocturnas en minoría, pero al cambiar la abundancia, la historia puede estar llena de posibilidades. Esa sensación permanece en el planteamiento del film. Es inevitable que la estética futurista cyberpunk no recuerde a otras producciones como Blade Runner o Matrix, aunque creo que es este caso la ambientación es incluso más decadente, porque como todos sabemos, estas criaturas no pueden sentir la luz del sol sin que ardan. De esta forma, se crea un contraste entre esas ciudades que cuando sale el sol, quedan desiertas con tonos más marrones; y de oscuros interiores, túneles que no solo se emplean para coger el metro, coches con ventanillas tintadas, casas blindadas contra la luz solar y una juventud en decadencia. Son vampiros condenados a una inmortalidad de encierro en la que poco a poco, van perdiendo su lado más humano al ser privados de una luz.

Daybreakers

La escasez y el ansia por la sangre podrían servir como metáfora a problemas actuales. ¿Qué nos pasará a nosotros cuando bienes naturales finitos como son el agua o el petróleo se acaben? ¿Habrá una solución a corto plazo para unos elementos que nos permiten realizar actividades cotidianas como asearnos, beber o desplazarnos? ¿O por el contrario cundirá el pánico entre la población desembocando en conflictos sociales y económicos? Estas inquietudes son el motor de la trama, con una sustancia que en este caso, literalmente, le da la vida a la mayoría de la población. Y siempre, ante el problema de la escasez, habrá una o varias empresas dispuestas a aprovecharse de la debilidad y el miedo de sus consumidores para enriquecerse. Una sutil (o no) crítica al capitalismo.

Por si eso fuera poco, creo que los directores y guionistas explican muy bien en los 30 primeros minutos toda la mitología de el mundo que han creado. Lástima que el nudo vaya por otros derroteros. La idea era interesante, pero es la ejecución lo que falla. Los errores se ven especialmente cuando pasada la media hora, la película no se aclara si quiere ser una cinta de acción, si quiere darle más dosis de terror o si opta por centrarse en una carrera contrarreloj e impregnándose del aura del thriller. En definitiva, que coge muchos elementos de muchos géneros, los mezcla y no termina de encontrar su identidad propia. No digo que la mezcla de muchos géneros sea algo de lo que hay que huir, es solo que en este caso no funciona, sino que perjudica al producto, y más cuando se de una premisa tan curiosa de la que no se la exprime lo suficiente.

Voy a reconocer que los actores hacen un buen trabajo dado el material. A causa de la ausencia del sol, de vivir en un perpetuo encierro y de no saber si la población va a poder seguir subsistiendo, no es de extrañar que Edward Dalton, el personaje interpretado por Ethan Hakwe, se muestre en pantalla con un pesimismo sobre sus hombros. Y cuanto más se va se conociendo de él, no puede evitar encontrarle similitudes con Louis de Entrevista con el Vampiroun chupasangre que no está cómodo con su nueva vida y que se aferra desesperadamente a su humanidad. Willem Dafoe con su personaje logra poner esa pizca de humor entre tanto gris mientras que Sam Neill interpreta al codicioso jefe de la empresa alimenticia, resultando en un antagonista que puede resultar cliché pero que disfrutas odiando.

DaybreakersNo sé muy bien que opinar de los efectos especiales. En ocasiones me parecían muy solventes y por el contrario, lo siguiente que mostraban resultaba más chapucero. Tampoco sabría decir si la fotografía en la que predominan los tonos azulados está justificada por ese aspecto más “triste” de la estética, si ese recurso ha sido empleado para tapar defectos o porque al ser el segundo largometraje de sus realizadores todavía les quedaban cosas por pulir. Pero voy a concederles crédito a los Spierig y decir que logran crear unas imágenes muy potentes, donde destacaría la secuencia prólogo y las imágenes más violentas de cara al final donde se ven con claridad los efectos de la privación de sangre, que sin ser novedosas, consiguen el impacto que buscan.

Pese a la fallida hibridación de géneros que lastra durante el nudo la trama, algún que otro agujero de guión y la sensación de no aprovechar todas las posibilidades dadas, la cinta resulta muy entretenida. Por un lado, aunque pudiese salir muy mal y el prejuicio que existe hacia las continuaciones, no me importaría ver una segunda parte donde se explorase más este universo, y más después de ese final. Pero por otro lado, me alegra ver que los autores han mejorado de forma notable. La prueba de ello es Predestination, un trabajo que sí recomiendo.

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