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Déjame salir | Crítica película

Cuando una película obtiene unas críticas tan sumamente buenas hay dos opciones: Emocionarse o ser desconfiado. Pero cuando una vez se estrena y esas opiniones permanecen, la primera opción va ganando la partida y las expectativas comienzan a ser más altas, tan altas que llega un punto en el qué hay que preguntarse si no es mejor rebajarlas un poco. Hoy me atrevo a afirmar que esta cinta sobrevive a todo el hype que le antecede.

Chris y Rose son una pareja interracial en la que ella es blanca y el es negro. En un fin de semana, Rose le propone viajar para conocer a los padres de ella. Tras conocerles, Chris piensa que el comportamiento de los padres de su novia es extraño debido a su propio color de piel, pero después de ver la manera de actuar de todos los afroamericanos de la zona, el descubrimiento de la causa será peor de lo que esperaba.

Qué satisfacción me da el poder decir que tras ver este film, estoy genuinamente sorprendida para bien. Porque no es habitual que una película catalogada como terror funcione con todos los tonos, las tramas, los personajes y la crítica social. La historia es plenamente consciente del racismo que hay en la actualidad (especialmente en Estados Unidos), de los clichés empleados por el color de piel en el género del terror y de los clichés en las personas racistas. Pero su director y guionista, Jordan Peele, consigue romper con todos esos tópicos, ofreciendo una historia en la que todos los detalles son relevantes y en la hay que ir pelando todas las capas para llegar al meollo de la cuestión.

Déjame Salir

Otra de las grandes sorpresas que me he llevado se deben a ciertas decisiones artísticas de la película. Debo admitir que la productora Blumhouse es capaz de ofrecer lo mejor y lo peor, pero en lo que a escenografía o fotografía  se refiere nunca ha destacado especialmente. Debería replantearme mi opinión después de ver los dos trabajos que ha ofrecido este año, siendo el primero Múltiple y el segundo el caso que nos ocupa ahora. Con Déjame Salir, hay un predominio de planos secuencias que permiten a los actores lucirse un poco más y provocar una buscada sensación de incomodidad hasta cierto punto, por no mencionar la forma que tiene esta cinta de retratar el subconsciente.

Si a la vuelta de tuerca que le da al racismo y al limitado presupuesto que aprovecha al máximo se le añade que el espectador durante la mayor parte del metraje no sabe más información de la que sabe Chris, el suspense y las sorpresas que le acompañan son mucho más efectivas. Si es cierto que a veces el ritmo no es del todo fluido debido a ciertas escenas en las que es inevitable preguntarse si lo que uno está viendo tendrá relevancia más adelante, pero sí, todo lo que aparece delante de la cámara tiene un porqué, haciendo que en el desenlace las piezas del puzzle encajen con suma precisión y se eviten los tan odiados deus ex machina. 

Déjame SalirY queda pendiente hablar de los personajes. Considero que todos los actores hacen un muy buen trabajo, especialmente los encargados de dar vida a la pareja protagonista, Daniel Kaluuya y Allison Williams, ambos quizás más conocidos por sus trabajos en series de televisión como Black Mirror y Girls, respectivamente. Aunque debido al tono cómico que aporta su personaje, el personaje de Rod acaba siendo un completo robaescenas, que podría resultar molesto o sobrante y sin embargo se siente orgánico y coherente.

Por si los motivos mencionados todavía no son suficientes para echarle un vistazo, durante el clímax no descuida que pese a ser un film muy completo (y muy complejo también, para qué negarlo), hay una base de personas que han ido buscando una película de terror. Estas personas serán recompensadas con algunos sustos y la dosis justa de hemoglobina igualmente disfrutable. Una mezcla que sobre el papel parecería una locura pero que gracias a la ejecución se ha convertido en una de las propuestas más interesantes del año.

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