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Crítica película El Gigante de Hierro

Cuando pensamos en el cine de animación, es muy habitual que se nos vengan a la cabeza las películas de Disney o de Pixar. También pensamos en películas que durante lo últimos años nos han traído Dreamworks o el Studio Ghibli. No es de extrañar, tengas la edad que tengas, todos hemos visto películas de estos estudios de animación y tenemos recuerdos muy bonitos de ellas (algunos incluso sonreímos con nostalgia al recordar esas películas en VHS). Pero, ¿solo estas compañías nos ofrecen esta clase de películas? Son las más conocidas, pero hubo un tiempo en que Warner Bros también nos regaló joyas de la animación como La Espada Mágica o el film del que vengo a hablar hoy, El Gigante de Hierro.

Nos situamos en 1957 en Rockwell, un pueblo de Maine. Hogarth Hughes, un niño que vive con su madre, una noche salva a un extraño gigante alienígena de metal de ser electrocutado. A partir de ese momento, los dos entablaran una relación de amistad.

Detrás de esta historia está Brad Bird, cuyo nombre nos es familiar por películas como Los Increíbles o Ratatouille. Resulta imposible no encariñarse tanto con Hogarth como con el gigante, y su relación de amistad es entrañable. Pero no descuida a sus personajes secundarios como la madre de Hogarth, Annie, o Dean, que nos ofrecen una perfecta combinación de momentos cómicos, otros muy dramáticos y en ninguna ocasión entorpeciendo o ralentizando la trama. Mención aparte a Kent Mansley, el antagonista de la cinta, que no dejo de pensar que si esta película fuera más conocida, su personaje estaría en las listas de mejores villanos.

Por otra parte, me ha sorprendido para bien la capacidad que tiene para tratar temas más “para niños” y en la siguiente secuencia se ponga a hablar sobre la muerte, el alma y las armas. Todo de una forma orgánica y que no te choca. También encontramos una multitud de referencias culturales, unas más sutiles que otras: Superman, el propio nombre de nuestro protagonista o Expendiente X mientras hace un pequeño recorrido por la cultura americana de finales de los años 50. El estilo de la animación empleado aquí es… no se como describirlo, porque no encuentro otro referente. Quizá eso es otro punto que hace a esta película tan especial, aunque admito que su escena inicial me recordó a la cinta de Disney Atlantis: El Imperio Perdido.

El Gigante de Hierro es un film notable o casi sobresaliente que no goza de mucha popularidad pero con los años se ha ido ganando su estatus como película de culto, y bien merecido que lo tiene. Una de esas joyas de la animación que resiste el paso del tiempo con su entrañable historia y que tiene un muy emotivo final que le pone el broche de oro.

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