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El graduado (1967)

Recientemente fallecía el director de cine estadounidense, nacido en Alemania, Mike Nichols. Dejó tras de sí una filmografía repleta de películas que han sido grandes hitos de la pantalla. Armas de mujer, ¿Quién teme a Virginia Woolf? o Postales desde el filo son buen ejemplo de ello.

En 1967 ganó el Oscar a mejor director por El graduado y con ella nos quedamos hoy, concretamente con una escena que nos atrapa por la elegancia con la que combina a la perfección velocidades y sentimientos.

El graduado es Ben Braddock (Dustin Hoffman), un joven que recién salido de la universidad vuelve a casa de sus padres para pasar las vacaciones. Durante el transcurso de su estancia allí iniciará una relación con la señora Robinson (Anne Bancroft), una amiga de la familia.

En la escena que hemos escogido, como decíamos, apreciamos el sentimiento de cuando algo emocionante se llega a convertir en rutina, pasando incluso a ser terreno de hastío, repitiendo los mismos actos una y otra vez. Hastío que, en un principio, Ben sentía por todo lo que le rodeaba exceptuando a la Sra. Robinson. Pero lejos de aburrir, la escena posee un gancho a años luz de la monotonía debido al juego de montaje ejecutado, a la velocidad que desprende. Junto a Ben pasamos de un espacio temporal a  otro en segundos. De este modo, Nichols muestra el mismo acto repetidamente sin que el espectador llegue a cansarse de él.

Os dejamos con ella.

 

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