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Crítica película El Viaje de Chihiro

Desde el principio de los tiempos y sin importar en qué soporte, se nos han ido contando y se nos seguirán contando historias sobre el camino del héroe. Este patrón establecido por Joseph Campbell sigue una serie de pasos en los que el/la protagonista se emprende en un viaje de autodescubrimiento y tras el cual algo en él o ella habrá cambiado o habrá sufrido una evolución. Algunos ejemplos claros podrían ser Star Wars: Episodio IV – Una Nueva Esperanza o Matrix,  filmes que todos conocemos y de los que sabemos su argumento. Y hace bastante tiempo que no me topaba con una película que cumpliese este patrón narrativo de un modo tan evidente.

Chihiro es una niña que junto con sus padres se van a mudar a una nueva ciudad. En su viaje en coche, se pierden por el camino pensando que se trataba de un atajo y se encuentran con un misterioso túnel. Toda la familia atraviesa el túnel a pie. Pero lo que encuentran al otro lado es algo inesperado y mágico.

Me gustaría destacar que a pesar de ser una película de animación, no creo que sea adecuada para los más pequeños. Si bien el tema del viaje y del mundo de fantasía puede apelar a los niños, los temas y la complejidad de la trama funcionan mejor si tienes más edad. Dicho esto, solo me queda alabarla por conseguir una simbiosis tan perfecta entre historia e imágenes. Lo visual nutre a lo narrativo y viceversa. Hay una multitud de personajes con unos diseños únicos y escenarios de los que me encantaría saber la historia de cada uno de ellos y una cantidad de detalles en los dibujos que es fascinante ver como han salido de la mente de una persona.

Es de agradecer que a Chihiro le den una cuestión dramática, una meta. Esto con el cine oriental no siempre ocurre: te presentan unos personajes y no tienen un objetivo claro, se limitan a estar ahí y suceden cosas. Y ese era uno de mis mayores miedos al comenzar la cinta, que su cuestión dramática se perdiera entre tanta fantasía. Nada más lejos de la realidad, está ahí e incluso se transforma. Argumentalmente, me maravillé de ver elementos propios de las películas de Disney: Pinocho, La Sirenita, La Cenicienta y sobre todo, Alicia en el País de las Maravillas. Y sobre los temas que antes he mencionado, además de la búsqueda de la identidad y el paso de la infancia a la madurez están la codicia, el no fiarte de las apariencias, el poder de los recuerdos o la importancia de tener un trabajo.

El Viaje de Chihiro

Es emocionante y es abrumadora a la vez. Tiene sus momentos para la comedia y que funcionan como un reloj, hay muchos momentos dramáticos en los que quieres traspasar la pantalla y decirle a la protagonista que al final todo saldrá bien, que no debe rendirse y otros muchos momentos en los que surge cada criatura que escapa de los límites de la imaginación en los que se siente verdadero miedo. Es un viaje cargado de todo tipo de emociones presentes a lo largo de todo el metraje. Por supuesto, tiene momentos para reposar un poco un contenido y que le dejan al espectador el trabajo más subjetivo (como la famosa escena del tren).

Si tuviera que ponerle una queja sería que de vez en cuando hay situaciones o escenas concretas que parecen alargarse más de lo debido. Pero absolutamente todo tiene importancia, más tarde o más temprano todo tiene un porqué justificado. Y al final, no deja de ser una odisea colorida, temible, bonita, triste e inolvidable.

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