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Grand Piano

Supongo que después de haber hecho dos films maravillosos como Whiplash y La Ciudad de las Estrellas (La La Land), el nombre de Damien Chazelle debería sonar tanto a los más cinéfilos como a los espectadores más casuales. Sin embargo, lo normal es que para poder llegar a dirigir y escribir una película propia, primero se debe empezar por abajo y Chazelle no es la excepción.

Tom Selznick es un pianista de mucho talento que vuelve a los escenarios después de un parón de cinco años. Pero lo que parece ser la noche de su vida no tarda en convertirse en una pesadilla, pues en su partitura se encuentra con un mensaje en el que se le amenaza con matarle si comete el más mínimo error tocando el piano.

Ciertamente, la premisa consigue ser bastante atractiva si lo que uno busca es un thriller. Y he de decir que pese a mis prejuicios al cine español, he quedo gratamente sorprendida con esta cinta. Pues por sus actores, la trama y hasta cierto punto la realización podrían pasar a la perfección como una película pequeña made in Hollywood. Por si eso fuera poco, partiendo de la base que plantea, consigue mantener muy bien el suspense durante la mayor parte del metraje. Y teniendo en cuenta el papel que adquiere la música en las cintas de Damien Chazelle, no es de extrañar que en este caso también se puedan vislumbrar un tema de su filmografía como lo es la perfección para lograr la trascendencia.

Teniendo en cuenta la importancia de la música en la narrativa, el montaje se vuelve un elemento sobre el que se apoya la película. Es fascinante ver como la cámara se mueve a través de ese escenario lleno de artistas con sus instrumentos de música clásica y logra crear un ambiente tenso. De este modo, hay una gran diversidad de planos, desde abundantes y largos travellings en los que el espectador sigue a Tom pasando por ciertos planos secuencia para finalizar en primeros planos o planos detalle de los objetos o de los rostros de los personajes.

Grand Piano

Y hablando de personajes, elegir a Elijah Wood como Tom es todo un acierto. Siempre he creído que es un actor que aparenta ser más joven de lo que es y tiene mucha facilidad a la hora de expresar temor. Esta última cualidad hace que su interpretación como el pianista sea muy creíble y que el espectador sienta el mismo miedo y tensión que él. Por otro lado, poco se puede decir del papel que interpreta John Cusack, pues durante la mayor parte del film no se le ve de forma física, sino que lo que está presente es su voz, pero vaya que si su voz logra infundir temor. Pero del mismo modo que los dos roles más importantes están bien escogidos, no puedo decir lo mismo de los secundarios, quienes más bien se sienten como un pegote molesto sin mucho que aportar al desarrollo de la historia.

Por último, debo resaltar en los puntos negativos que hay varios momentos en los que cuesta creer lo que se ve en pantalla. Es decir, la verosimilitud es muy dudosa, y depende de cada uno el estar dispuesto a dar varios saltos de fe o no. A este factor hay que añadirle que la historia puede volverse muy previsible llegando al clímax, y que en lo personal va por unos derroteros que no me han terminado de convencer. Este es uno de esos claros ejemplos en los que la conclusión ensombrece el resto de la cinta. Y es una pena.

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