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Crítica película Green room

Después de pasar por la última edición del Festival de Sitges, Green Room llegó a los cines de nuestro país el pasado mes de junio. Sin embargo, su recorrido comercial se vio muy limitado a un pequeño número de salas en todo España, provocando que el film pasará muy desapercibido entre el público. ¿Acaso es una mala película? ¿Es demasiado complicada para un gran público? Nada más lejos de ello.

De primeras, seguimos a The Ain’t Rights, un grupo de punk rock que viaja por Estados Unidos con poco éxito. Les surge una oferta de tocar en un pequeño local que resulta estar lleno de skinheads. Ellos aceptan y el concierto acaba saliendo más o menos bien, o eso parece hasta que Pat, el bajista, sin querer es testigo de un asesinato. Y cuando los dueños del local se enteran de eso, no van a dejar que la banda se marche tan fácilmente.

He tenido un pequeño problema con la cinta, y es que a pesar de que me interesaba lo que me estaba contando, tenía la sensación de que no terminaba de encontrar su tono. Le cuesta arrancar hasta dar con la trama principal y a pesar de que tiene sus dosis de humor, es bastante más serio. Y a partir de la media hora empieza el caos en el mejor sentido de la palabra y quizás cuando para mí ha sido más disfrutable. Esta mezcla de tonos hace que el ritmo se ralentice un poco y acabe pasando factura.

Por lo demás, la película consigue un ambiente asfixiante y agobiante a pesar de que la acción no siempre se desarrolle en interiores y con el que sufres lo mismo que los protagonistas. Gran parte de ese logro de debe a los tonos fríos que emplea la fotografía y los planos muy cerrados. Los principales actores lo dan todo con sus personajes: un Anton Yelchin (que en paz descanse) que a pesar de estar en un grupo de punk rock sigue resultando entrañable, Imogen Poots que su personaje extraño lo amas o lo odias y un Patrick Stewart que como jefe de la banda neonazi consigue resultar temible e imponer mucho respeto.

Y por último, creo que al final le faltó un punch para terminar de rematar. A pesar de algunos problemas, la película sí me ha gustado, y si os gustan los thrillers con algo de sangre y la música punk, tenéis que verla.

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