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Crític de la película How to talk to girls at parties

Si la semana pasada a raíz de lo visto en la 15 Muestra Syfy comentaba una película en la que el núcleo principal era el crecer fuera de la influencia familiar, para bien o para mal, hoy toca volver a comentar una cinta donde el creer y labrarse una identidad es una de las cuestiones más importantes, solo que su tratamiento es bastante peculiar.

Basada en una novela gráfica de Neil Gaiman, situado en Inglaterra en el año 1977, Enn es un adolescente que, al igual que sus dos amigos, está fascinado por la música punk y todo lo que ese estilo supone. Una noche, Enn y sus amigos buscan colarse en la casa de donde procede una extraña música. Para su sorpresa, en la casa parece que hay  chicas, pero lo que no saben es que esas chicas son más extrañas de lo que aparentan.

How to talk to girls at partiesHe de reconocer que no he leído la novela gráfica que ha inspirado esta cinta, pero cualquiera que esté medianamente familiarizado con la prosa y las ideas de Gaiman aquí encontrará su huella (con un claro guiño al final). Y es que si por algo se caracteriza el escritor inglés es por tener unas ideas que derivan en lo más fantástico partiendo del mundo ordinario. En este caso, tanto Enn como Zan, la extraordinaria chica de la que Enn se queda prendado necesitan convertirse en adultos y buscar su propio camino mediante la construcción de una nueva identidad. Enn para ello empleael punk, un estilo que está directamente relacionado con la ruptura de lo establecido y la búsqueda de una nueva personalidad. Un estilo de música que, si uno se pone a analizarlo detenidamente, es similar a lo que ocurre en la adolescencia el afán de destacar y que pese a las diferencias entre Enn y Zan, ambos pueden sentirse atraídos por ese estilo.

Además del maravilloso paralelismo entre la música punk y la adolescencia que hace como no lo había hecho nadie antes, uno de los mayores puntos a favor es que la cinta funciona sorprendentemente bien en los momentos más dramáticos como en aquellos momentos de humor más absurdo. Y, de hecho, es habitual que salte de un tono a otro con toda la naturalidad posible sin que resulte extraño. Es simplemente algo que el espectador tiene que decidir si quiere entrar en el juego o no. Porque sí, además de lo marciana y peculiar que resulta la propuesta (y nunca mejor dicho), también es muy lisérgica, algo que contribuye a darle un aire surrealista a lo que se esta viendo en pantalla y da la sensación de que se esta viendo un videoclip de los años 70 u 80. Por no mencionar que sus créditos iniciales me recordaron a los de Scott Pilgrim contra el mundo y que el vestuario con sus colores parece de fuera de este universo.

How to talk to girls at parties

En esta ocasión más que nunca debido a la rareza del film, tener unos actores capaces de sacar adelante el proyecto es crucial. Pero es que no podrían estar mejor elegidos. Enn, interpretado por Alex Sharp, es un chico que rebosa carisma y encanto con el que es muy fácil empatizar; Elle Fanning como Zan es un rayo de luz, pues pasa de ser una niña inocente a ser una mujer capaz de tomar decisiones propias. Y ya si añades a Nicole Kidman con un personaje que se nota que la actriz se lo pasó en grande interpretándolo se ve que los personajes no podrían haber caído en mejores manos.

El único punto negativo que le puedo echar en cara es que, pese a la duración estándar de una película, sí hay tramos en los que el ritmo es más irregular y puede llegar a hacerse pesada. No es tan enérgica como sí era la cinta de Edgar Wright, donde no había ningún minuto de descanso. Pero es solo un pequeño paréntesis a una de las películas más originales que he tenido el placer de ver.

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