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Crítica de la película It (2017)

Coulrofobia es el término que surge al juntar dos palabras procedentes del griego. La primera de ellas, es coulro, y que en la lengua original significa “el que camina con zancos”. La segunda sí es más conocida, ya que la mayoría puede entender que phobia es el equivalente a temor. Una vez unidos los dos significantes, dan lugar a un vocablo cuya aproximación sería miedo a los payasos. Este temor a las personas con pelucas llamativas, maquillaje extravagante y amplia sonrisa está muy extendido, por lo que no pasó desapercibido para uno de los escritores más prolíficos dentro del género del terror, Stephen King, quien acabaría escribiendo uno de sus mejores y más conocidos trabajos empleando la coulrofobia.

En el pequeño pueblo de Derry, Maine, el pequeño Georgie Denbrough es brutalmente asesinado cuando salió a jugar con su barco de papel. Pero no es un caso aislado, ya que pronto empiezan a desaparecer más niños en el pueblo. Bill, el hermano de Georgie junto con su grupo de amigos, están dispuestos a averiguar quien está detrás de la muerte de su hermano y de las misteriosas desapariciones de niños. No tardarán en descubrir que el responsable de todo el caos en el pueblo es Pennywise, un ser que adopta la forma de un payaso malvado.

Se trata de las tercera ocasión en la que desde lo personal, experimento esta historia. La primera vez fue con la mastodóntica novela de King, posteriormente con la miniserie del año 1990 y ahora con esta película hecha para la pantalla cinematográfica. Sin embargo, no voy a ir analizando todos los aspectos con las tres obras, pero sí he de decir que las comparaciones van a ser inevitables.

It (2017)

Considero que tanto el director Andy Muschietti como los tres guionistas involucrados han hecho un muy buen trabajo a la hora de plasmar esta historia, porque si hay que encontrar el núcleo de la historia sin duda hay que hablar de la amistad y la inocencia, y ya a posteriori se puede hablar del terror. De hecho, el film cuando mejor funciona es cuando el grupo de niños conocido como el club de los perdedores es el foco de atención. Si además a ello se le añade el hecho de que todos los niños que conforman este grupito están perfectamente elegidos, (en el que destaca una joven Sophia Lillis como Beverly y Finn Wolfhard, a quien muchos conocen por Stranger Things)  el resultado no podría ser mejor.

Pero ya que he nombrado las elecciones de actores, hay que hablar de Pennywise. Si bien es cierto que hace 27 años Tim Curry logró infundir pavor a toda una generación. Y que me perdonen los más puristas, pero debo decir que nada más aparecer Bill Skarsgard caracterizado en pantalla, logré olvidarme por completo del trabajo de Curry. Tengo que admitir que tenía ciertas dudas con su elección aunque solo bastaron un par de escenas para convencerme que el joven actor había hecho un trabajo maravilloso encarnando a una de las criaturas más malignas creadas por Stephen King. Consigue ser retorcidamente sádico y se divierte asustando a la gente de muchas maneras. Es la combinación perfecta entre humor y terror.

It (2017)Y hablando de terror, me atrevería a decir que desde hace mucho tiempo no veía una cinta que fusionase de forma tan equitativa las dos formas de terror. Tanto el terror más psicológico en el que se exploran los temores de los siete niños junto con la sensación que los peores monstruos son los humanos, algo sobre lo que King lleva escribiendo desde sus inicios; y el terror más convencional basado en sobresaltos, sustos breves y subidas evidentes de volumen. Quizás este haya sido el factor que más me ha chirriado, pues pese a lo que habían mostrado los primeros avances, esperaba que los sobresaltos no fueran tan evidentes y que eventualmente, se le concediera más importancia al aspecto más psicológico.

Pasando al apartado más técnico, otro de los aspectos con los que más he batallado durante el metraje son los efectos especiales. Han sido numerosas las ocasiones en las que he tenido que torcer el gesto ante lo digital que era lo que aparecía ante mis ojos. Por otro lado, la fotografía es maravillosa, no en vano el encargado del look de la película y de la riqueza de planos es obra de Chung Chung-Hoon, uno de los colaboradores habituales de Park Chan-wook; con los decorados ocurre lo mismo, especialmente con una casa decrépita y la banda sonora a cargo de Benjamin Wallfisch si bien es cierto que tiene subidas estridentes de volumen, juega mucho con la dualidad entre tonos melancólicos y efectos de sonido propiamente dichos, dando un resultado particular.

En líneas generales, he quedado bastante satisfecha con lo que han mostrado hasta ahora. Y no puedo esperar a ver como se concluye esta historia, aunque para ello haya que esperar al menos un par de años. Si está a la altura de esta primera parte me conformo.

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