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Crítica película La cenicienta

Hoy en Filmfilicos sigo con el cine de Walt Disney, dando paso a los años 50, tocándole turno a la inmortal Cenicienta, la doceava película dentro de la lista de los clásicos Disney.

Todos conocemos la historia de la famosa princesa que perdió su zapatito de cristal y del príncipe, que enamoradísimo de ella al verla una sola noche y no ser capaz de recordar su cara, tuvo que ir probando a todas las mujeres del reino el zapato para averiguar de quién era, pero vamos a analizar esta película producida por la productora liderada por un ratón.

Nos encontramos delante de la película favorita del propio Walt Disney, pues la famosa escena del cambio de vestido de la princesa a manos del Hada Madrina era la que más le gustaba. Hecha con muchísima magia, el film fue rodado un 90% de él en acción real para después poder animarlo a la perfección.

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Como ya hemos visto en otros films de Walt Disney, La Cenicienta comienza con unos créditos e imágenes que representan lo que va a ser el cuento. En este caso, al igual que en Blancanieves, empieza con un libro, un antiguo cuento que se abre dejando ver entre sus páginas lo que se nos va a contar. Otra película que fue usada esta técnica de adentrarnos al mundo de fantasía a través de sus créditos iniciales fue Pinocho, gracias a sus fondos simulando madera para acercarnos al mundo de los juguetes de Geppetto hechos con este material.

Basada en el cuento de los Hermanos Grimm, la adaptación de Walt Disney nos cuenta de forma más dulce la historia de Cenicienta, una joven huérfana a la que su madrastra y hermanastras humillan y maltratan. Una noche, el príncipe del reino pide que todas las doncellas se dirijan a palacio para hacer un baile real y encontrar a la mujer que se convertirá en su mujer y futura princesa. Gracias al Hada Madrina y sus mágicas palabras Bibidi Babidi Bu, y a la bondad de sus amigos los ratones y demás animales, Cenicienta logrará llegar a tiempo a palacio con un hermoso vestido azul y unos zapatitos de cristal. Pero desgraciadamente, a las 12 de la noche, la magia del Hada Madrina termina y Cenicienta, que no puede ser descubierta por su madrastra y hermanastras, debe regresar a su casa, sin dejar más rastro en palacio que uno de sus zapatos de cristal que pierde durante la huida, objeto que servirá al príncipe para reencontrarse con su amor.

Esta fue la versión azucarada que Disney nos dio para este cuento, pero en la historia de los Grimm era más violenta: el zapato no era en realidad de cristal si no de oro, y las hermanastras de Cenicienta, cuando el príncipe llega a su casa para probar el objeto perdido a las damas que allí viven, son capaces de cortar su talón y los dedos del pie (cada hermanastra una cosa) para lograr hacer entrar sus enormes pies en el zapatito. La ayuda de Cenicienta no es en realidad un hada, sino un pajarito que va a ver a la muchacha cada vez que ella visita la tumba de su madre fallecida y que le concede los deseos de tener vestidos apropiados para el baile y zapatos, y quién avisa al príncipe que las malvadas mujeres a las que ha logrado poner el zapato son unas farsantes. Y en castigo a estas maldades, unos pájaros pican a las hermanastras en los ojos durante la boda de Cenicienta y el príncipe.

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Si después de leer esto pensáis que el cuento original no podía plasmarse en una película Disney… os recomiendo Into the Woods, un largometraje de la compañía del famoso ratón que se estrenó en 2014, un film de Rob Marshall que pasa sin pena ni gloria pero que está bien ver para revisionar los cuentos clásicos. Por cierto, en 2015 se estrenó el live action de Cenicienta dirigido por Kenneth Branagh, bastante más buena que Into the Woods (a mi forma de ver).

Siguiendo con el cuento original de los Hermanos Grimm, si nos fijamos bien, durante el largometraje de Walt Disney podemos observar que Cenicienta es la única mujer de las que se prueban el zapato de cristal que no tiene dedos en los pies (hecho expresamente o no, eso tuvo que ayudar mucho a que le encajara ese pequeño zapato, seguro).

La Cenicienta, segunda princesa del Reino de Disney y, aunque algo frágil, fuerte y con ganas de tirar siempre hacia delante, tiene como maravilloso mensaje que jamás tenemos que rendirnos ante nada, sean cuales sean nuestros obstáculos.

La Madrastra y las Hermanastras de Cenicienta

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