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Plano de Psicosis

Han pasado ya más de cincuenta años desde el estreno de una de las películas más aclamadas y reconocidas del mago del suspense, Alfred Hitchcock. Una película de bajo presupuesto que logró alcanzar niveles extraordinarios de audiencia, en parte a la excelente campaña de publicidad que se dio a la misma, lo de que quedaba prohibido entrar una vez iniciada la sesión y sobretodo, explicar el final una vez terminada. A lo largo de los años, se han conocido mil y un entresijos de la película, de la historia, del rodaje, en resumen, de todo lo que rodeó a su creación. Un aglutinante de todos estos aspectos (aunque suponemos que no de todos) es la recientemente estrenada Hitchcock, dirigida por Sacha Gervasi, el biopic que comprende el período durante el cual se rodó la película.

Puede ser que aún quede alguien que no haya visto Psicosis pero entre los que la hemos disfrutado ya, seguro que si no la hemos visto mil veces la hemos visto mil y una. Sin perder un ápice de suspense en cada visionado. Conociendo detalladamente todo lo que va a ocurrir, cada escena, incluso los movimientos. Descubriendo quizás algún detalle que se nos había escapado o viendo algunas escenas desde diferente punto de vista, produciéndonos diferentes sensaciones… y en esto quiero centrarme. En escenas a las que no habíamos dado importancia, o por lo menos yo no me había fijado en ellas. Famosa es la escena de la ducha, repasada hasta la extenuación, o la del asesinato del detective Arbogast, o incluso la del momento en que Norman quiere ocultar el coche de Marion en el lago, pero en unos segundos fatídicos el coche deja de hundirse y nos encontramos padeciendo junto a un asesino. Empatizando con él, deseando que el coche desaparezca.

Pero esta vez, es un plano lo que me ha hecho parar la película para reflexionar. Un simple plano, aunque lo de simple es un decir, porque de simple no tiene nada. El plano en cuestión es el siguiente:

Plano de la película Psicosis

Un plano en el que se muestra a Norman Bates sonriendo. Eso ya de por sí es un poco sorprendente y en anteriores ocasiones, esta sonrisa ya me había llamado la atención, por el punto que tiene de macabro, es una sonrisa muy extraña. Pero lo que me llamó aún más la atención es la propia figura de Norman y como está posicionada. Aunque la composición de la imagen esté equilibrada, es evidente que el protagonista está situado a un lado. ¿Por qué razón Hitchcock le colocó ahí? ¿Por qué motivo no lo centra? Estuve todo el rato que dura la escena esperando a que lo terminase encuadrando en el medio de la imagen pero no fue así. Ahí lo dejó, a un lado, creando eso sí, un plano muy inquietante. El motivo exacto nunca lo sabremos o por lo menos yo lo desconozco y si está escrito en algún sitio, agradecería que alguien me dijese en qué libro. Lo que si pude hacer es ponerme a deducir y me sorprendió la información que el plano contiene, o a mi me parece que contiene, sobre el devenir de la película. Aprovecho este momento para decir que si alguien no ha visto la película no siga leyendo.

Ahí tenemos a Bates que observa como Arbogast se marcha, fuera de plano, sólo vemos el movimiento de las luces de su coche reflejadas en la pared. Ese podría ser un motivo, dejar espacio para las luces y que podamos deducir que el detective se va. Pero no lo creo. Tampoco lo que vemos detrás de la ventana, la oficina de Bates, ahí no pasa nada, se ve el escritorio sin más. Tampoco en la pared hay nada, una cajita donde dejar las llaves pero eso, en principio, no tiene nada de sorprendente.

Finalmente me fijé en algo que es un complemento ideal a la sonrisa. La sonrisa de Bates que muestra una cierta duplicidad. Sonríe sí, pero en seguida vemos que esa sonrisa esconde algo. ¿Y que la complementa? La sombra. Una luz dramática proyecta la sombra de Norman en la pared, provocando que después de todo, el protagonista no esté tan al lado como me parecía, está totalmente centrado, o por lo menos su sombra sí lo está, reflejada justo en el centro de la ventana. Ahí le tenemos a Bates y a su duplicidad. Por un lado tenemos al que parece normal, al de carne y hueso, al que todos conocen y a su lado, otro Norman que sale de él, su sombra, su lado oscuro, una sombra que mira en dirección a la casa, una sombra que sólo vive en la casa. Una sombra escondida y atrapada (las maderas de la ventana pueden parecer una especie de barrotes carcelarios). Una sombra que es, al fin y al cabo, la parte desconocida de Norman. En un aparentemente sencillo plano, Hitchcock, quizás involuntariamente o quizás no (quizás sólo son imaginaciones mías, pero me inclino a pensar que al director no se le escapaba nada), nos da ciertas pistas sobre Norman, sobre quién es y sobre lo que va a acontecer en la película. Un plano que marca un giro en la concepción que tenemos de Bates hasta ese preciso minuto de visionado y a la que cambiará completamente.

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