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Laurence Anyways

Laurence Anyways es la última película del joven director canadiense Xavier Dolan, joven de edad pero no de reconocimiento. Tras años trabajando como actor decidió ponerse detrás de las cámaras y el intento no le ha salido del todo mal ya que ha sido premiado con sólo tres películas, en Cannes, en Sidney y en varios festivales más. Tras su debut con la fascinante J’ai tué ma mère (Yo maté a mi madre) y su atractiva segunda obra Les amours imaginaires (Los amores imaginarios), llega al terceto con la no menos interesante Laurence Anyways.

Laurence está ya en la treintena, trabaja de profesor de literatura y vive con una mujer de quien está completamente enamorado. No es que Laurence no sea feliz con lo que tiene sino que, simplemente, no es y decide de una vez por todas, ser. Quiere ser esa mujer que nació y que vivió durante años bajo un aspecto que no es el suyo.

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En esta película se observa una cierta evolución verso a las anteriores. Dolan abandona los adolescentes extremadamente guapos, de esos que incluso incomodan, que parecen salidos de un anuncio de perfume francés, para centrarse en una historia de personas que parecen más reales. Una historia dura e hipnótica. Una historia de amor entre dos personas que luchan por un destino juntas y que para ello deben enfrentarse ya no sólo a los demás, sino a su propio yo, a su enemigo interior. Siempre nos han educado para luchar y conseguir todo lo que queremos, del mismo modo que nos enseñan que la más mínima elección marcará nuestra vida. Laurence aprende con el tiempo que no podemos tenerlo todo y que las elecciones deben basarse en prioridades y renuncias, en saber abandonar algo por mucho que duela. Una historia, la de la transexualidad, tratada sin tapujos, contando todo lo que conlleva no sólo para el interesado sino también para todo su entorno.

Pero si el relato es interesante la forma en que Dolan lo retrata lo es aún más. Si la historia y los personajes han mostrado una cierta evolución, la plástica del director ha estallado. Una estética atractiva, moderna y hermosa ha sido siempre una marca común en las películas del director pero en ésta, llega a cotas máximas. Su cine, comparado con Almodóvar o incluso Kubrick, deja estupefacto al espectador visualmente hablando. Movimientos de cámara, colores, sensaciones que quedan para siempre en nuestra mente. La nieve cegadora, los láseres de discoteca que llegan a recordar otra escena reciente de luces estridentes como es la oscura escena de Holy Motors, en la que sólo se ven unos trajes con puntos fosforescentes. Un baile en el que figuras humanas posan para la pasarela de la noche, con una escultura central, la estrella inmóvil que es Fred, la pareja de Laurence. Multitud de imágenes que apabullan de sensaciones al espectador ya sea con excentricidad, con momentos desbordantes o con la más minimalista desnudez. No haremos spoilers pero la sencillez y la belleza que respiran las últimas escenas de la película son para enmarcar.

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Pero aquí no termina todo, otra seña del director es el sonido, la música. La banda sonora de la película no hace más que acrecentar la sensación de belleza que envuelve y se introduce en el interior de las cuerdas que mueven nuestras sensaciones.

Y con una guinda final, los actores. Melvil Poupaud y Suzanne Clément interpretan respectivamente a Laurence Alia y Fred Belair. Sin palabras dejan estos dos actores. Él sumido en un personaje que decide iniciar su vida a los 30 años y que verá como para ello gran parte de su entorno se desmorona. Y ella. Ella, grandiosamente dramática, saliéndose de todo adjetivo. Repitiendo con Dolan, después de su ópera prima, da vida a un personaje vapuleado por las circunstancias, un personaje perdido, colérico, tierno, con sentimientos a flor de piel. Su interpretación le valió un premio en Cannes 2012.

Laurence Anyways

En resumen Laurence Anyways es una película para degustar con todos los sentidos aunque como todo en la vida tiene un pero superable, sin embargo, gracias a la intensidad del resto de elementos. El pero es la duración, 161 minutos. Algo extensa pero vale la pena invertir ese tiempo en su visionado.

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