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Película Livide

Hace ya unos cuantos años que el género de terror está muy presente en mi consumo audiovisual. Sin duda, una de las sorpresas más grandes que me he llevado ha sido descubrir el terror francés del siglo XXI. Fue entonces cuando vi una de las mejores películas de terror, quizás un tanto desconocida para el gran público, Al interior, cinta que ha inspirado un remake americano y que ha llegado a las carteleras españolas hace unas semanas bajo el título de Inside. Pero esto no fue suficiente, ya que quise investigar qué más habían hecho estos directores y guionistas, y con cierto temor porque su siguiente trabajo no había despertado tanto entusiasmo, le di una oportunidad.

El 31 de octubre, Lucy empieza su trabajo cuidando a diversos ancianos por toda la ciudad. Una de sus últimas visitas es en la alejada mansión de Deborah Jessel, una anciana que está sola y en coma. Durante su estancia, Lucy descubre que la señora Jessel hace años fue una estricta profesora de ballet y que también esconde un supuesto tesoro en la mansión. Sabiendo este dato, Lucy decide contárselo a sus dos amigos y uno de ellos propone colarse en la casa para robar el tesoro. Pero lo que parecía una tarea sencilla para el grupo de amigos pronto se convertirá en un infierno.

Pese a las opiniones cosechadas, iba con la mentalidad de que iba a encontrar una historia de terror gótico. Y durante sus primeros veinte minutos, eso es exactamente lo que da. Desde los créditos en una playa de acantilados muy gris y un cementerio, esa ambientación cargada de melancolía va a más y llega a su máximo esplendor con la entrada a la mansión de la señora Jessel. El maravilloso resultado estético se debe a la exquisita fotografía, a la todavía más impresionante dirección artística, un uso muy medido de elementos duales como los espejos y las sombras y unas melodías a medio camino entre canciones de cuna y cajas de música, pero con un toque muy inquietante.

Livide

Lo que empieza como una muy clara historia de terror gótico, no tarda en mezclar diferentes subgéneros de terror como el home invasion y el terror más sobrenatural donde finalmente se desvela que clase de criaturas hay en la mansión. Al principio, esta mezcla de subgéneros tan marcada y tan repentina no terminaba de convencerme, pero una vez di algún que otro salto de fe, acabé satisfecha en cierta forma. Es algo que si me hubiesen dicho que lo ha hecho Guillermo del Toro tanto en sus primeros años como en la actualidad me lo habría creído sin problemas.

Aunque la situación que plantea gracias a la atmósfera pueda contener un sinfín de posibilidades, no me esperaba que tuviese tantos sustos genuinos y muy bien construidos. Si bien es cierto que pueda abusar de los golpes de sonido, el uso de la cámara previo a los sustos es para enmarcar. Y del mismo modo que no esperaba una gran cantidad de sustos, tampoco me esperaba que se derramase tanta sangre. Me explico, no es que desde el minuto uno haya una lluvia de líquido rojo, sino que ese aspecto se da más de cara al final del film donde los creadores llegan a deleitar al público con algunas de las imágenes más grotescas y al mismo tiempo bellas que he visto.

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Como contrapunto negativo, debo admitir que las actuaciones son bastante pobres por decir algo menos fuerte, especialmente en el grupo de tres amigos. Además, sus reacciones a todas las situaciones que sucedían dentro de la casa me resultaban demasiado inverosímiles. Que no digo que todo el mundo deba reaccionar igual ante situaciones de peligro o situaciones desconocidas, pero debería haber un mínimo de inquietud o preocupación y no pasar del nerviosismo a la calma total en un parpadeo. De ese modo, la actitud consigue restarle importancia a lo sucedido cuando no tendría que ser así.

Y sí, he comentado que la mezcla de subgéneros hasta cierto punto está bien llevada. Lamentablemente, esto durante el final no sucede. Se alarga todo innecesariamente y los directores y guionistas optan por no recurrir a las palabras para dejar que las imágenes hablen por sí mismas. Por desgracia, en este caso si hubiera preferido que se parasen a dar alguna que otra explicación de forma clara en lugar de dejar varios cabos sueltos. Quizá de ese modo la última escena no me habría resultado un disparate tan grande.

Puede que Julien Maury y Alexandre Bustillo hayan hecho un trabajo más irregular que su maravillosa ópera prima, pero se nota que ya tienen cierta destreza detrás de las cámaras, y por ello, sigo expectante de ver sus próximos proyectos.

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