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Marnie, la ladrona de Alfred Hitchcock

Marnie, la ladrona, es una de las últimas obras del padre del suspenso, Alfred Hitchcock, y mientras muchos supusieron la decaída del director después de esta cinta, yo sólo veo grandeza. Y es que fue tan genial que sobrepasarlo es una tarea muy complicada, incluso para este increíble artista.

Marnie, la ladrona - filmfilicos blog de cineCon el sexo como tema principal y dos personajes antagonistas para mostrar los dos lados de este elemento, Marnie se catapulta como la película donde Hitchcock pierde el control. Conocido por ser un hombre controlador desde lo más importante dentro de la cinta hasta lo más banal fuera de ella, parece ser que con esta película no pudo controlar sus impulsos que fueron hermosamente plasmados en la pantalla.

Inspirada en el libro de Winston Graham, Marnie (Tippi Hedren) es una bella cleptómana, mentirosa, frígida y con serios problemas asociados al color rojo. Su contraparte, el ya para ese entonces, agente 007 Sean Connery, parece ser el reflejo de esos impulsos que Hitchcock no logra esconder dentro del set: un hombre con deseos desesperados por poseer a Marnie. Se dice que Hitchcock acosaba a Hedren durante la filmación y es por ello que su relación profesional se acabó a la salida del filme y arruinó considerablemente la carrera de Hedren.

El lado oscuro de su director es perfectamente personificado por un Connery que no emana nada más que sexo. La lujuria impregna la pantalla y el deseo se apodera de toda escena en la cual aparece con esos grandes ojos marrones, con los cuales devora a su presa con tan sólo una mirada. Y es que no es casualidad que el deseo animal de Connery se plasme en el hecho de que es un aficionado de la zoología y al mismo tiempo, que exista la analogía que se muestra en el interés de la protagonista por los caballos.

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Además de la sutileza visual que caracteriza todos los films de Hitchcock y de la tan acertada música de la mano de Bernard Herrmann, lo más resaltante del filme es sin duda alguna la construcción de ambos personajes principales y sus respetivas actuaciones. Connery, como ya he mencionado, en su papel de hombre viril, apuesto, inteligente y sin duda completamente chiflado que se esconde bajo una apariencia fuerte, es completamente increíble. Con una veta de locura en sus ojos, es capaz de transmitir el irremediable deseo de poseer a Marnie sin importar nada más.

Por otro lado, Tippi Hedren aterriza en el mejor papel de su carrera con un personaje de estructura demasiado complicada, que se muestra débil pero fuerte, segura de sí misma pero a la vez demasiado infantil, apasionada pero que repudia el sexo. Hedren, quien sin embargo no era la primera opción de Hitchcock para este papel, (era Grace Kelly, quien debió rechazar el papel debido a su título de Princesa de Mónaco) es brillante. Es la combinación perfecta entre locura y deseo (si es que pueden disociarse), de fragilidad y fortaleza y de belleza y monstruosidad.

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Como toda película de Hitchcock, el motor es el miedo y en este caso, Connery representa el miedo al rechazo, a la insatisfacción sexual y a la lucha interna contra sus impulsos más básicos, mientras que Hedren representa el miedo al maltrato, al tacto y a los hombres, quienes alega, son simples animales salvajes. Es una película de terror -como todas las de Hitchcock- pero esta vez se ubica al terror dentro del sexo, todo lo que se puede temer consciente o inconscientemente acerca de este tema visto de sus dos lados. El encanto que siente Hitchcock por Freud se hace evidente en las recurrentes observaciones sobre sus teorías en cuanto a la histeria en las mujeres por represión sexual y las técnicas de “cura” a las cuales se recurre para ayudar a Marnie.

Con una rudeza en sus diálogos y el morbo tan evidente siempre presente, Marnie es un filme avanzado para su época en cuanto a la manera de abordar el tema y de mostrarlo al público, igualmente al tocar sutilmente pero de manera directa los derechos de la mujer de ser independiente (aunque en muchas escenas se contradiga). Sugerencias de violaciones, desnudos de medio cuerpo, planos detalles de los labios cuando se besan, la grotesca manera de victimizar a Marnie y de humillarla sexualmente, todo, absolutamente todo remite a la obsesión enfermiza de Hitchcock por mostrar el miedo desde sus propios temores, lo cual lo ha hecho el director de suspenso más grande de todos los tiempos.

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