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Revenge

Quiero creer que no soy la única a la que alguna vez le ha ocurrido lo siguiente: Uno está tan tranquilo mirando la película o la serie que ha escogido para ese momento y según ve que avanza la historia, un pensamiento emerge en la cabeza. Que dicha historia solo podría darse en un país concreto o en un momento muy determinado. El de hoy es uno de esos ejemplos.

Jen es una joven que va a pasar el fin de semana a una remota mansión en el desierto con su amante Richard. Lo que en un principio parecían unos días entre dos personas se verá truncado cuando aparezcan por allí dos amigos de cacería de Richard. La situación empeora cuando uno de los compañeros de Richard viola a Jen y posteriormente los tres hombres intentan asesinarla. Y aunque Jen parece que ha muerto, logra recuperarse y no se detendrá hasta vengarse de sus verdugos.

Leyendo el argumento, estamos ante un claro caso de un subgénero muy particular que es el rape and revengeLos films de este subgénero tienen una estructura muy marcada, como bien indica su nombre: Un personaje generalmente femenino es violado por un uno o varios miembros de un grupo y posteriormente, este personaje es abandonado dado por muerto. Sin embargo, el personaje maltrecho consigue sanar y vengarse de las personas que le hicieron sufrir. Esta última condición puede variar, pues a veces la venganza la llevan a cabo familiares, amigos o personas cercanas a la víctima. La última casa a la izquierda o La violencia del sexo son quizás algunos de los ejemplos más conocidos de este subgénero.

Pero, si este es un subgénero muy extendido, ¿por qué he dicho antes que solo podría darse en un país muy concreto? Fácil. Porque la forma tan elegante y a la vez tan bestia con la que está filmada la violencia solo podría haber salido de Francia, pues esta película entra de lleno y por méritos propios dentro de la New french extremityuna serie de cintas procedentes del país galo en las que a diferencia del torture porn, la violencia tiene un porqué e invita a la reflexión. Y no seré yo la que diga que la historia empieza soltando en la cara del espectador litros y litros de sangre, no. Eso sucede más de cara al segundo acto y explota por completo en el tercer acto, y de qué forma. No recuerdo haber visto tantísima sangre en mi memoria reciente, bueno, ni en mi memoria en general quitando productos de serie B. Revenge

Además de su buen pulso para mostrar la violencia y que resulte fascinante, el resto de aspecto visuales y narrativos están muy bien cuidados. Empezando por una excelente fotografía, capaz de transportar al público al más inóspito y salvaje desierto que nunca ha lucido más extenso. Se aprovechan los espacios al máximo, sean exteriores o interiores, y se nota. En el caso de los interiores, es especialmente llamativa la elección de colores, donde además de los colores propios de un territorio árido, se distinguen muchos tonos rosas y azules, como si se quisiera resaltar las diferencias entre la masculinidad y la femineidad. El montaje no se queda atrás, ya que está medido con una precisión casi perfecta en cuestión de ritmo y de guiar el ojo del espectador.

Por si eso fuera poco, mencionar la banda sonora es un imperativo, pues los sintetizadores adquieren mucha presencia y le dan cierto aire retro al conjunto. De hecho, fue imposible no acordarme de las melodías de Cliff Martínez para The Neon Demon. Y es que todo está tan estilizado, tan medido y es tan hipnótico de contemplar que la película podría haberla hecho Nicholas Winding Refn en el desierto excluyendo todas sus metáforas y significantes que me lo creería.

Revenge

Y como no, uno de los aciertos más grandes es su protagonista, Jen, interpretada por Matilda Lutz. Ya no solo por el esfuerzo físico que logra traspasar la pantalla, sino por la evolución que sufre su personaje. Con un primer vistazo, se puede sacar la conclusión de que no es una chica muy avispada, pero después de las penurias que sufre y a las que sobrevive cambia radicalmente, demostrando que es una chica muy capaz de cuidar de sí misma, de tomar decisiones inteligentes (algo no muy habitual en films de suspense y/o terror) y que a pesar de que va perdiendo ropa por el camino en ningún momento está sexualizada. Todo lo contrario, logra parecer temible y ser una mujer que no se anda con tonterías.

Enlazando con el tema de la sexualización, diría que ese peso recae más bien sobre Richard. Algo que debido al ojo femenino los roles se intercambian, como sucedía también en Wonder Woman. Y es que al ser una mujer la guionista y directora, se incide más en el punto de vista femenino y da lugar a ejemplos de masculinidad tóxica. Para ir finalizando, diría que los dos únicos problemas que se le pueden echar en cara son que hay varias ocasiones en las que se requiere que el espectador suspenda hasta cierto punto la credibilidad y que el clímax se alarga bastante más de lo que debería.

Por mi parte, la he disfrutado como si se tratase de un regalo que no sabía que quería. Y debe ser que quienes la han visto opinan parecido, o no se habría alzado con los premios a mejor dirección y mejor dirección novel en Sitges y mejor dirección y mejor actriz en el Festival Nocturna de Madrid.

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