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Sola en la oscuridad

Sola en la oscuridad es una película británica del año 1967, basada en la obra de Frederic Knott, dirigida por Terence Young e interpretada por Audrey Hepburn, Alan Arkin y Richard Crenna.

Crítica película Sola en la oscuridad

La protagonista es Susy una chica que tras un accidente de coche pierde la vista. Susy está casada con Sam un fotógrafo que un día, de vuelta de viaje de Canadá, coincide en el aeropuerto con una misteriosa mujer. Ésta le rogará que se lleve una muñeca que tienen en su posesión y que resultará ser un preciado objetivo para una panda de gángsters que pronto se dejaran caer sobre la casa donde habitan Susy y Sam.

Audrey Hepburn en Sola en la oscuridad

Hablar de Sola en la oscuridad es hablar de Audrey Hepburn y es cierto que eso suele pasar en casi todas sus películas por no decir en todas. Ella siempre era la pieza clave, el centro emocional sobre el que giraban todo el resto de acciones y personajes. Pero en esta película, si se puede, ese centro está elevado un grado más. Su interpretación de la mujer ciega es brillante y no por lo más básico como podrían ser las miradas perdidas o el andar a tientas, no. La brillante interpretación, como resultado final, se nutre del detalle. Pequeños detalles que pueden pasar desapercibidos pero que ayudan a construir sin duda una representación admirable. Reacciones instintivas como encogerse ante la percepción de un grito. Un grito que la estremece, la encoge, la hace vulnerable. Un grito que aunque provenga de alguien en quien confía provoca que de ella surja el impulso de protección. Pequeños detalles como éste u otros más latentes, más desgarradores, deambulan por el ambiente claustrofóbico que se respira durante toda la película. Junto a la interpretación de la actriz destaca dicho ambiente. Ella está sola, ciega y se convierte en el blanco de un grupo de villanos. El peligro se cierne sobre ella y ese peligro la va encerrando inconscientemente en su propio hogar. Cautividad representada en su punto máximo en el momento en que la consciencia de lo que le rodea cae como plomo sobre Susan. Desesperada no puede hacer más que llorar y agarrarse a los barrotes de la barandilla símbolos inequívocos de cualquier idea de encarcelamiento. La casa en la que vive se convierte en el espacio único, cada vez más ensombrecido, donde la imposibilidad de escapar se hace cada vez más patente gracias a que la oscuridad va ganando gradualmente terreno.

Sola en la oscuridad

La angustia se va acumulando sobre el espectador quien hasta ahora disfrutaba, en cierto modo, de saberse dominante sobre la acción, ya que si algo se produce durante buena parte del film es eso, el preconocmiento. El espectador lo sabe todo desde un principio, siempre va por delante de lo que en realidad sabe la inconsciente protagonista. Algo que como muy bien sabia Hitchcock le sienta a las mil maravillas al espectador. Un truco infalible para crear suspense. Suspense que en definitiva reina durante todo el metraje. Desde el principio hasta el fin. Un fin álgido donde los haya. Un final en el que sumergidos en un completo y algo distinto fuera de campo, seremos víctimas de una última sorpresa final. Tranquilos no diré más, evitaré el temido spoiler para no destrozaros la película cuando la veáis. Porque, ¿la vais a ver verdad?

Critica película Sola en la oscuridad

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