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Staying Alive (La fiebre continua)

Queréis la fama pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar, con sudor”.
Frase mítica donde las haya y que funciona de maravilla para dar paso al texto que hoy se nos presenta. El objeto no va a ser Fama, ni tampoco Flashdance sino una pariente lejana de todas ellas, la hermana de Fiebre del Sábado Noche. Una película que sigue viviendo en el corazón de todos aquellos nostálgicos de los calentadores, maillots y cuerpos hiperflexibles. Se trata de Staying Alive.

Dirigida por Sylvester Stallone , la historia nos sitúa en Broadway donde un algo cambiado Tony Manero lucha por hacerse un hueco en el mundo del espectáculo y poder dedicarse al que es su sueño, bailar. Nueva York, frío, gentes que andan sin mirarse a golpes unos contra otros. Tráfico, humedad y vapor saliendo del alcantarillado. En cualquier esquina aparece un club o un teatro con un letrero que impacta con su cálida luz de neón. Precisamente ahí en esa luz, en esa calidez, en esa intensidad es donde nace Staying Alive.

Crítica de la película Staying Alive

En algún rincón de dichas luces está Tony igual de desastroso que en la precuela pero bastante más peligroso ya que esta vez se hace querer. John Travolta le da un matiz que resulta atractivo a un personaje que no merecería, en otras circunstancias, la más mínima atención. Alguien tan egoísta y desconsiderado como él no puede o no debería ser atrayente. Pero la cuestión es que lo es y terminamos por empatizar con él. Por donde nos atrapa es por esa sensación de lucha que todos sentimos alguna vez al querer lograr algo con todas nuestras fuerzas. Ese deseo pasa a ser el objetivo principal y hasta que no se llegue a él, ningún tipo de duda o distracción está permitida.

Crítica de la película Staying Alive

La diversión más evidente de la historia recae sobre el baile. Sobre las coreografías ochenteras que rezuman sudor por los cuatro costados. Colores en movimiento, sin parar, de aquí para allá. El vapor del alcantarillado se mezcla con un eterno efecto difuminado de las imágenes creando un ambiente algo más que húmedo, un ambiente de esfuerzo, un ambiente de deseo. Se crea un entorno espeso que va moldeando los cuerpos tanto encima como debajo del escenario, uno a uno. Pero no es el baile la única baza atrayente de la película. Por lo menos no la más atrayente. Ese lugar lo ocupa la lucha de egos entre los protagonistas y el modo en que unos se usan a otros. A veces sin darse cuenta otras sin importarles demasiado a quien se llevan por el camino. Manero, el narcisista, el ego por excelencia chocará con otra monumental ególatra. Ella es Laura ( Finola Hughes ) la bailarina principal del espectáculo en el que participará el protagonista. Tony se cree el amo del mundo y cree que la chica caerá rendida a sus pies. Nada más lejos, ya que ha ido a dar con a su alter ego femenino. En medio de esa lucha a alguien le toca perder y ese papel se lo lleva Jackie ( Cynthia Rhodes ) quien no puede evitar amar a Tony pese a las humillaciones y desplantes continuos que éste le hace sufrir.

Crítica de la película Staying Alive

El ritmo de la película es un continuo crescendo. Empezando en la calma, en la monotonía del día a día, en los colores fríos y los ambientes hostiles. Se arremolina un poco más cuando las relaciones lo empiezan a enturbiar todo. Los celos, los odios, la tristeza y los llantos. Angustias que sólo un personaje logra calmar. Uno de esos personajes que pese a obtener un breve papel, le sacan jugo de un modo inmejorable. Es el caso de la madre de Tony, La ternura que expresan sus ojos, la experiencia que contienen sus palabras, las lágrimas que nos contagia cuando se emociona, son oro puro dentro de esta maraña de intereses e interesados que son los protagonistas de la historia.

Finalmente todo estalla. El punto máximo. Llegamos al infierno, al rojo, a la pasión. Al terreno donde los pecados, el erotismo, los recelos y los sudores corren libremente. Es el último baile y allí se desatará la batalla final. La música penetra hasta nuestro más hondo ser. La sangre hierve a borbotones. Las sombras, las luces y el humo nos envuelven. La intensidad nos abraza, nos oprime ante la duda de saber si por fin Manero llegará a completar su sueño. El baile nos lleva, los movimientos armónicos de los bailarines nos transportan por todo el escenario, persiguiendo ahora a uno ahora al otro, haciéndonos partícipes de cada juego de miradas. Miradas de odio, miradas de amor. Miradas que matan. Momentos en los que el aire coge un matiz material que permitiría que éste fuese cortado en dos. Ante tal conjunto no podemos hacer más que dejarnos llevar y sentir la película por todos y cada uno de nuestros sentidos.

Crítica de la película Staying Alive

Quiero antes de terminar sacarle algún defecto a la historia, empujada seguramente por la necesidad imperiosa de disimular, aunque no sé muy bien por qué motivo, la subjetividad de la que he sido presa al crear este post. Ese defecto que le encuentro son las imágenes ralentizadas. Puede que sean un buen recurso técnico para resaltar una figura, para resaltar movimientos e incluso sensaciones, pero no. Lo único que logran aquí es hacernos sentir un poco de vergüenza ajena ante tales niveles de romanticismo y, sobre todo, porque te empujan de malas maneras fuera del ritmo constante del que habíamos sido presas y que es lo que en realidad te ata a la película. Mal, muy mal señor Stallone.

Crítica de la película Staying Alive

Staying Alive no aspira a ser un gran musical ni pasar a la historia del cine por ser una película técnicamente impecable. Ni tan solo mínimamente impecable. Pero eso hay que reconocérselo en lugar de echárselo en cara. No sólo de devorar maestría vive el cinéfilo. De vez en cuando se agradece algo de relajación, un tanto de entretenimiento y un tanto de calentador. Por qué no? Qué viva el calentador!

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