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Crítica película Techo y comida de Juan Miguel del Castillo

Por el simple hecho de haber nacido, con el dónde y con el cómo por delante, yo ya soy culpable. Para algunos mi pasividad me ha manchado las manos de sangre, para otros soy un egoísta que no ayuda a los demás. Hay personas que me dan hasta una bolsa para que les compre un kilo de comida… Y claro, yo me siento mal.

Siempre yo, como todo el mundo. A veces nos preocupan los demás, sobre todo cuando son cercanos a nosotros, cuando un hecho muy concreto nos sensibiliza o cuando hemos encontrado la respuesta definitiva a alguna de nuestras preguntas existenciales y nos encaminamos hacia ella.

Entonces descubrimos las redes sociales, el nuevo mundo, ese en el que la gente se graba haciendo el bien para subirlo y publicarlo a cambio de “me gustas” y retuits. Donde todo el mundo tiene una opinión, aunque siempre venga en masa y nunca sola. Donde hace unos días todo el mundo lloraba por un atentado con los colores de una bandera y un día después criticaba la actitud del primer mundo, creando ciudadanos de primera y de segunda. Donde se cuestionan los sentimientos que se tienen por los que cada uno siente más cercanos en contraste con los otros, que sufren lo mismo casi cada día y que también tienen víctimas.

Critica de Techo y comida 2015 de Juan Miguel del Castillo 1

Y claro, ya no me siento tan culpable. Ya no siento casi nada. Todo es cuestionado y eso es algo que está bien, pero la demagogia forma parte inherente de nuestros razonamientos, así que ante todo lo que un ser humano debe valorar entre sus sentimientos, al final decide que lo mejor es no sentir ninguno, ni siquiera para sí, porque si siento que debo ayudar a alguien porque le van a echar de su casa, antes debería valorar que hay gente que no come en este mundo y que tiene prioridad. ¿Es que acaso hay ciudadanos de primera y de segunda?

Demagogia.

Techo y comida no es excesivamente demagoga. Bien por ella. Tampoco supera las expectativas de lo que uno espera ver antes de entrar a la sala de visionado, sabiendo el argumento. Conmueve a veces y otras piensas que el director se está posicionando más allá de la parcialidad que muchos consideraríamos justa (creando malos que ahora beben, ahora son violentos; obviando que exista alguna posibilidad de tener arrendadores sanos y educados también con interés por cobrar por su alquiler).

Critica de Techo y comida 2015 de Juan Miguel del Castillo 2

Este cine intenta remover conciencias, y eso implica que el espectador se posicione. A mí me gustaría evitar que alguien sufriera, que alguien tenga que abandonar su hogar por causas ajenas a su voluntad. Me gustaría conseguir que el mundo fuera un lugar más equitativo, con una mayor equidad, que no se consumieran tantos recursos de un planeta que estamos vaciando, que se acabara el hambre en el mundo y no se tire la comida. Me gustaría que no nos matáramos unos a otros. Me gustaría sentir lo mismo por todos los sufrimientos ajenos, y no sólo por los míos y los de los míos, cuando pienso en mi existencia unipersonal, nunca entera del todo ni del todo satisfecha.

Pero ya no siento nada, porque cuando siento por unos ahora también debo pensar que hay otros. Y según la nueva lógica aplicada en este mundo virtual y cada vez menos humano: (siempre) hay gente que está peor, así que sentirte mal por unos y no tan mal por otros es clasificar a unos como mejores y a los otros como los peores.

Critica Techo y comida Natalia de Molina 3

Demasiados motivos.

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