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Crítica película Tenemos que hablar de Kevin

Dicen que el amor de una madre es incondicional. Da igual lo que hagamos que nuestra madre siempre buscará una manera de defendernos ante los demás y nunca dejará de querernos a pesar de nuestras meteduras de pata. En “Tenemos que hablar de Kevin” esto se lleva a tal extremo que dan ganas de salir corriendo a ligarte las trompas para no tener nunca un hijo como Kevin. Vamos… que ni Pedro Aguado en sus mejores tiempos de ‘Hermano Mayor’ consigue enderezar esta relación maternofilial.

Kevin es la maldad personificada; lo que comúnmente llamaríamos un cabronazo. Disfruta haciendo sufrir a los que tiene a su alrededor (especialmente a Eva, su madre) sin haber ninguna causa que justifique sus actos y su odio hacia los demás. Desde incluso antes de su nacimiento, Kevin parece empeñado en complicarle la vida a Eva. Ella es una escritora de guías de viaje de éxito y felizmente casada que decide, sin estar del todo convencida, ser madre a los 40 años. Lo que al principio parece ser un bebé llorón y difícil, se convierte en un niño siempre insatisfecho y con malas ideas hasta acabar siendo un adolescente cruel y capaz de lo peor. Su último acto es de una crueldad tan injustificada que solo cabe preguntarse por qué. ¿Por qué se comporta así? ¿Por qué le gusta hacer sufrir a los demás? No hay una explicación y es todo tan irracional que da miedo ver como alguien puede disfrutar haciendo sufrir a los demás de manera natural. Sin embargo, el sentimiento de culpabilidad está presente en Eva todo el rato.

“Tenemos que hablar de Kevin” es una película británica dirigida por Lynne Ramsay en 2011 y es una adaptación de la novela homónima de Lionel Shriver. Se ha dicho que Ramsay peca en esta película de preocuparse más por su estilo artístico que por la historia. Personalmente, creo que la historia es muy potente y me gusta la narración de los hechos a través de flashbacks de Eva. También me gustan la utilización de los planos, la fotografía y la iluminación para transmitir todos los sentimientos que la historia genera. La película está marcada por el color rojo, predominante en multitud de planos y escenas desde el comienzo (con la escena de Eva en la Tomatina de Buñol) y que continúa a lo largo de todo el film.

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Por su parte, Tilda Swinton está simplemente espectacular. Las nominaciones a mejor actriz en los Bafta, Globos de Oro, Premios del Cine Europeo o Critics Choice Awards lo ponen de manifiesto. Su interpretación de Eva, la madre de Kevin, es su mejor papel hasta la fecha, sin duda.

La he visto unas cuantas veces y he de decir que es de las pocas películas que cada vez que la veo me deja con un nudo en el estómago.

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