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Crítica de la película Thelma

En 1974, Stephen King publicó su primera novela: Carrie. Dos años después, esta historia sobre una chica que vive bajo el estricto control de su madre religiosa y que adquiere poderes telequinéticos tras su primera menstruación fue llevada al cine de la mano de Brian de Palma y convirtió a este personaje en un icono del cine de terror y uno de los más reconocibles de la bibliografía de King. Pero, ¿por qué todo este contexto? Porque si la protagonista a la que da nombre la película de hoy y Carrie White se conocieran seguro que tendrían muchas cosas sobre las que hablar.

Thelma es una chica que se prepara para su primer año de universidad en la gran ciudad. Esto supone la primera vez que está tan alejada de sus padres, ambos muy religiosos que le han transmitido esos mismos valores a su hija. Sin embargo, cuando Thelma empieza a sentirse atraída por una amiga, se cuestionará lo que hasta ahora creía correcto y surgirán de ella capacidades psíquicas aparentemente imposibles.

Desde el minuto uno del film queda claro el tono y las intenciones. Una historia muy oscura y en la que se destila frialdad tanto por el entorno como por las relaciones personales. Y es que una de las mayores sorpresas de esta película es que es mucho más oscura de lo que parece a simple vista. Sin entrar en el pantanoso terreno de los spoilers, la información que va llegando de a poco sobre quién es en realidad Thelma me hizo estremecer en varias ocasiones, pero al mismo tiempo se puede entender porque los padres se comportan de ese modo en el que guardan tanto rencor.

Thelma

Si temáticamente he hablado de una oscuridad evidente y en el subtexto de la cinta, estéticamente ocurre algo similar. La fotografía es excesivamente oscura en las escenas de interiores y en las que Thelma se encuentra sola, tan oscura que a veces cuesta distinguir las facciones de la actriz o las siluetas del mobiliario. Desconozco si eso es accidental o a propósito, pero funciona a las mil maravillas. Al igual que la ubicación de la casa de los padres, aislada entre la naturaleza nevada y con las vistas a un lago helado. No es casualidad que en este sitio de apariencia idílico se produzcan los momentos de mayor tensión de toda la película.

Y es que al final toda esa oscuridad que rodea a la cinta se debe al miedo de la protagonista a crecer. Sus padres han logrado reprimir a su hija durante toda la vida, pero eventualmente todos los hijos tienen que buscar su camino sin la influencia muchas veces tóxica del yugo familiar. Y es que tal y como se ha demostrado, todo lo reprimido acaba saliendo a la superficie en forma de consecuencias terribles que siembran terror, tal y como le pasaba a la ya mencionada Carrie o como sucedía en las recientes Crudo y Verónica. Porque a veces los peores monstruos son los humanos y el miedo no tiene que provocarlo un ente sobrenatural, con algo tan mundano como el autodescubrimiento se puede apelar a los terrores más profundos.

Thelma

Si en el párrafo anterior comentaba películas coming of age dentro del género de terror, me veo en la obligación de mencionar otra conocida cinta nórdica a la que me ha recordado inevitablemente que es Déjame entrar porque tiene puntos de la trama en los que ambas películas coinciden. Y ya no es solo eso, en cuestión de ritmo, de emplear elementos del thriller y de rascar lo que hay en una primera capa para llegar al núcleo de todo. Esta comparación no hace más que enaltecer las virtudes del film de Joachim Trier.

Lo único que me ha hecho torcer más el gesto es que para toda la historia oscura que llevaban contando con sus sorpresas incluidas, que el clímax y especialmente el epílogo se sientan muy benévolos. No es en absoluto un mal cierre, solo que no se me adecuó al tono establecido. Por todo lo demás, es un trabajo que recomiendo si gustan las películas mencionadas. Una muy buena ganadora del premio del jurado y de mejor guion en Sitges y un broche de oro perfecto para la 15 Muestra Syfy.

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