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Videodrome

Aquellos que conozcan el nombre de David Cronenberg sabrán que sus trabajos se caracterizan principalmente por no dejar indiferente a nadie, que no es un director para las grandes masas y que es difícil encasillarle en un solo género cinematrográfico. Dicho esto, voy a tratar de amoldar mi cabeza después de ver una de sus películas e intentar hablar de ella.

Max Renn es el director de un canal de televisión por cable de Canadá y busca emitir en esta cadena un contenido que no tengan las demás, como puede ser pornografía o violencia de todos los tipos. Un día, captura una señal de la que proceden imágenes de una tortura muy gráfica, tanto que parecen reales (lo que hoy podría denominarse película snuff). Al principio parece que provienen de Malasia, pero luego se descubrirá que vienen de Pittsburgh. Ahí la curiosidad se apoderará de Max y tratará de averiguar todo lo que pueda sobre esas imágenes.

Mientras la estaba viendo, no he podido evitar pensar que el primer acto constituye la parte más narrativa del film, y es fascinante y a la vez terrorífico como su director y guionista con esta historia pudo adelantar acontecimientos sobre la televisión que siguen vigentes: cómo nos pueden estar bombardeando con imágenes desagradables que nosotros estamos en cierta forma “inmunizados” a ellas o si la influencia de la televisión hace que imitemos los comportamientos negativos que vemos en pantalla o incluso como las personas tenemos un cierto morbo y, como dice el propio Max en la cinta, “No puedes dejar de mirarlo” (Cómo todas las películas del propio Cronenberg, grotescas pero que te hipnotizan de alguna manera). 

El segundo acto en mi opinión personal deja la narrativa y el propósito de la cinta un poco más de lado para que Cronenberg se desate. Y es que cualquiera al que se le ocurriese jugar con la realidad, la fantasía, las alucinaciones y el gore de una forma en la que los límites entre las tres queden tan difusos tendría como resultado un rotundo desastre. Increíblemente, funciona y le sienta como un guante a lo que quiere contar. Por no mencionar los efectos especiales, que para la época estaban muy logrados y han envejecido bastante bien. Destacar también los escenarios, como el mundo real es tan sucio y tan gris mientras que las alucinaciones tienen mucho más color, como el rojo para la violencia y el sexo o los platós de televisión en un color rosa mucho más artificial y estridente.

Videodrome

Para finalizar en el tercer acto y de cara al clímax se vuelve a encarrilar por el terreno más narrativo, cuando ya hemos averiguado lo que es el videodrome, nos cuentan de una forma muy perturbadora como a la televisión le resulta tan sencillo para manipularnos y que hagamos y pensemos exactamente lo que ellos quieran. Todo ello lleva hasta el final donde ese gore hace un acto de presencia en forma de serie B y con una brutalidad para la que personalmente, no estaba preparada y me ha sorprendido.

Los actores están completamente entregados al juego que les proponen y en esa atmósfera enfermiza que han creado para esta historia, sobretodo el protagonista interpretado por James Woods que pasa de director ambicioso e implacable a estar guiado por su morbo y sus demonios internos. El resto de los actores también cumplen con sobresaliente, ya que no cualquier actor que te encuentres por Hollywood o por la calle estaría dispuesto a meterse en semejante jardín.

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