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Suspiria (2018) - Crítica de la película

Adentrarse en el mundo de los remakes del terror es adentrarse en un terreno donde por regla general hay dos resultados: Que la obra nueva se limite a calcar la película original con la excusa de darla a conocer a una nueva generación y de paso ganar un dinero fácil, o que haya alguien competente detrás del proyecto capaz de mejorar o de aportar algo nuevo a la versión más reciente. Esos son los caminos más comunes, pero con esta nueva versión de Suspiria podría dar lugar a una categoría nueva, aquella en la que el remake solo guarda parecido con la original en su título, los nombres de los personajes y en menor medida la localización.

Susie Bannion es una joven americana que llega a Berlin en 1977 dispuesta a entrar en la prestigiosa academia de baile Markos Tanz Company dirigida por Madame Blanc. Sin embargo, el día que Susie llega a la academia, se extiende la noticia de que Pat, una de la alumna expulsada, ha sido asesinada. El asunto se complica cuando Sarah le confiesa a Susie que antes de que Pat fuera asesinada, había descubierto un secreto sobre la academia.

El clásico del giallo de Dario Argento estrenado en 1977 se caracterizaba por una fotografía muy saturada con unos colores oníricos, una cuidadísima escenografía en todo lo que respetaba a esa academia de danza, una música inolvidable compuesta por Goblin que contribuía al efecto onírico y una historia muy simple que cabalgaba a medio camino entre el slasher y el terror más sobrenatural. Pero tal y como he comentado en líneas superiores, Luca Guadagnino logra quitar de su versión de Suspiria todo lo que la hacía fácilmente identificable y admirada para hacer una versión radicalmente distinta.

Suspiria (2018)

La cinta comienza adecuadamente, metiendo cierta tensión en el cuerpo de los espectadores y por qué no decirlo, dando pistas evidentes del mal cuerpo que va a venir a continuación. Y lo que viene después más que buscar el susto fácil o incluso un susto más intrincado, la película tiene el principal objetivo de incomodar con lo que se está viendo en pantalla y de que sus imágenes se metan en la retina y por debajo de la piel. Pero esto no se debe a grandes dosis de sangre ni vísceras, es otro tipo de crudeza con la que juega más cercana al terror sobrenatural que también tenía la película original. Sin embargo, hablando desde mi perspectiva más personal, casi que hasta el mismo clímax no ha conseguido incomodarme ni dejar algo especialmente memorable.

Lamentablemente, la duración del film pesa como una losa. Si la original tenia una hora y media de duración que se hacia muy llevadera hasta un apoteósico final, en esta ocasión se le añade una hora más, repleta de subtramas que piden a gritos un filtro en la sala de montaje. Tampoco le ayuda el tener una estructura dividida en seis actos más un epílogo, pues en algunos fragmentos hay situaciones más interesantes dando a la película un halo de irregularidad muy marcado.

A pesar de poner a prueba la paciencia en varias ocasiones, he de reconocerle su mérito técnico y su fantástico elenco de actrices. Conseguir desmarcarse del estilo de Argento y darle un estilo más realista a la historia sin que se haga raro o incluso sin que se eche de menos la saturación de colores es todo un logro. El tono situado en el contexto alemán de la época le sienta de maravilla. Pero quisiera hacer hincapié en los bailes y en el montaje de sonido: Todas las secuencias de bailes están estrechamente relacionadas con bailes de ritual y como la línea entre baile más convencional y rito queda difusa es algo fascinante de ver. Asimismo, el montaje de sonido durante las performances en el que cada movimiento es de entregarse por completo a lo exigido y en el que cada movimiento es importante no podía lucir mejor.

Suspiria (2018)

Por otra parte, hay que alabar el gran trabajo de sus actrices, en especial de Dakota Johnson y Tilda Swinton. La primera por cargar en varias ocasiones con el peso físico y mental de la película sobre sus hombros, y la segunda por ser todo un camaleón e interpretar hasta a tres personajes distintos a lo largo del metraje, incluyendo al Doctor Josef Klemperer.

Como último apunte sobre algo positivo que destacar, son todas aquellas metáforas de la película. El tratar los temas de la maternidad y el poder femenino desde un ángulo más cercano a la fantasía es todo un acierto. En la película de 1977 las brujas eran descritas como seres “maléficos, negativos y destructivos”, mientras que en esta revisión son presentadas como mujeres poderosas y que son se hacen más fuertes si permanecen unidas en grupo. Una visión de las mujeres que ha sido así desde tiempos inmemoriales solo que hoy cobra más fuerza.

En definitiva, tiene unas actrices brillantes, un mensaje trabajado y una factura técnica diferente, pero con personalidad. Desgraciadamente, estos son los únicos aspectos que puede encumbrar, pues lo demás no me deja ninguna sensación final, y si me la deja, no es positiva.

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