Marvel se anota otro éxito en taquilla con The Fantastic Four: First Steps, que ha superado los 521 millones de dólares a nivel mundial. Sin embargo, el dinero no siempre compra la inspiración. La película, dirigida por Matt Shakman, intenta relanzar a la llamada «Primera Familia de Marvel» dentro del UCM, ambientándolos en un elegante universo retro-futurista de los años 60, con toda su estética colorida, su aire de ciencia pulp y un leve toque nostálgico que no termina de cuajar del todo.
La trama presenta a Reed Richards, Sue Storm, Johnny Storm y Ben Grimm enfrentándose a su mayor amenaza hasta la fecha: el temible Galactus, un dios espacial que planea devorar la Tierra, acompañado de su heraldo Silver Surfer. Hasta ahí, bien. Pero lo que debería ser una epopeya cósmica termina resultando más rutinaria de lo esperado. Sí, hay acción, hay espectáculo, pero también una sensación de déjà vu permanente.
Shakman, que ya había demostrado buen pulso en Bruja Escarlata y Visión o Welcome to Chippendales, se limita aquí a cumplir con el manual Marvel: ritmo ágil, humor medido y efectos digitales que, más que impresionar, cansan. El diseño de La Cosa (The Thing), en concreto, roza lo caricaturesco, como si hubieran querido hacer un homenaje a los efectos de antaño… pero sin gracia.
El reparto tampoco brilla. Pedro Pascal, Vanessa Kirby, Joseph Quinn y Ebon Moss-Bachrach son nombres potentes, sí, pero su química se siente tan forzada como los diálogos que les tocan. Nadie parece pasarlo bien, y eso en una película de superhéroes es mortal.
No es peor que las versiones de Tim Story o Josh Trank, pero tampoco mejor. The Fantastic Four: First Steps juega a lo seguro, sin riesgo ni alma, y se queda en el terreno más temido del cine de superhéroes actual: la irrelevancia.












