Del escáner al set: cómo la impresión y el escaneo 3D están cambiando el atrezzo de cine

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Del escáner al set: cómo la impresión y el escaneo 3D están cambiando el atrezzo de cine

Hay una pregunta que me hago cada vez más viendo según qué escenas de acción: ¿eso que sostiene el actor es de verdad tan pesado como parece, o ha salido de una impresora hace tres días? La respuesta, cada vez más, es la segunda. La impresión y el escaneo 3D llevan más de una década colándose en los rodajes, y no como una rareza de estudio pequeño, sino como parte del arsenal habitual de atrezzo, efectos prácticos y decorados de producciones grandes y modestas por igual. Vamos a ver cómo funciona esto realmente, sin humo.

Qué son y por qué han entrado en los rodajes

La fabricación aditiva (el nombre técnico de «imprimir en 3D») construye una pieza capa a capa a partir de un archivo digital, sin necesidad de moldes ni herramientas específicas. Eso reduce plazos y costes frente al tallado o la escultura tradicional, y permite iterar un diseño varias veces en cuestión de días en lugar de semanas. Para el atrezzo que debe comportarse como metal de verdad (armaduras, mecanismos, piezas que sujetan peso real en un rig), los talleres recurren a la impresión 3D en metal, que produce piezas funcionales con una resistencia muy cercana a la de una pieza forjada tradicionalmente.

Atrezzo y props: ejemplos reales

Los casos abundan. En la trilogía de El Hobbit, la espada Orcrist de Thorin se forjó en metal para los primeros planos, pero durante las coreografías de lucha el equipo usó una versión impresa mucho más ligera, pensada para que el actor pudiera manejarla sin riesgo. Algo parecido pasó con el martillo de Thor: distintas versiones impresas, unas ligeras para la acción y otras más pesadas para los planos estáticos, salidas todas del mismo diseño digital.

En Alien: Romulus, el estudio de efectos Studio Gillis imprimió miniaturas de nave y hasta el famoso «chestburster», además de props menores como una granada que describen como rápida, barata y fácil de pintar. Y en la última trilogía de Star Wars, droides y piezas de vestuario enteras salieron de impresoras 3D, algo impensable hace solo quince años con los plazos ajustados de una superproducción.

Impresión y escaneo 3D en el cine

Réplicas de objetos históricos

Cuando un rodaje necesita un objeto real (una pieza de museo, un instrumento antiguo, algo demasiado frágil o valioso para moverlo del sitio), el camino habitual es escanearlo en lugar de arriesgarlo. Talleres especializados en patrimonio como Factum Arte llevan años documentando piezas como el sarcófago de Tutankamón o el Mappa Mundi de Hereford mediante escaneo no invasivo, generando un modelo digital que después puede reproducirse en distintos materiales sin tocar el original ni una sola vez.

La elección de la herramienta depende mucho del objeto: la fotogrametría (fotografiar la pieza desde muchos ángulos y reconstruirla por software) funciona bien con superficies complejas o cuando no se puede tocar nada, mientras que los escáneres 3D de luz estructurada o láser dan más precisión en piezas pequeñas y muy detalladas. Para un atrezzista que necesita replicar un objeto real con fidelidad, esa fase de captura es tan importante como la propia impresión posterior.

Miniaturas y decorados para efectos especiales

Los efectos prácticos con miniaturas nunca se fueron del todo, y el 3D les ha dado una segunda vida. LAIKA Studios imprimió más de 205.000 expresiones faciales distintas para la animación stop-motion de Coraline, algo manual e inabarcable sin esta tecnología. Y antes de construir a tamaño real al Demogorgon de Stranger Things, el estudio Aaron Sims Creative imprimió y probó prototipos en resina para validar el diseño sin comprometerse todavía a la fabricación definitiva.

Cuándo NO conviene usar estas tecnologías

Dicho todo esto, el 3D no es la respuesta a todo, y cualquier taller serio lo sabe. Para piezas estructurales que van a soportar peso real (un andamiaje de decorado, una pasarela, algo por lo que va a caminar un actor), los métodos tradicionales de fabricación siguen dando mejor resistencia y acabado que una pieza impresa. Cuando se necesitan series muy grandes, decenas o cientos de copias idénticas de un mismo prop, procesos como el moldeo por inyección son mucho más rápidos y baratos por unidad que imprimir capa a capa. Y si el plazo es de horas y no hay margen para escanear, limpiar el modelo, imprimir y postprocesar, un taller de atrezzo tradicional con herramientas manuales sigue ganando por goleada.

Lo curioso es que, en plena era del CGI, el cine parece estar recuperando el gusto por lo físico: por el objeto que se puede tocar, iluminar y fotografiar de verdad. La impresión y el escaneo 3D no sustituyen el oficio del atrezzista, lo aceleran. Y esa combinación, cuando funciona, es la que hace que lo que vemos en pantalla parezca real porque, en muchos sentidos, lo es.

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