El cine de tiburones, cocodrilos y pirañas siempre ha tenido mala fama, y con razón. Desde sus orígenes en el cine de serie B hasta hoy, el género no ha mejorado precisamente con el paso del tiempo. Si acaso, ha ido a peor. Y Netflix, fiel a su costumbre, llega con Embestida (Thrash, 2026), dirigida por Tommy Wirkola, para recordarnos que la plataforma sigue apostando por este tipo de producción cutre y sin pudor.
Crítica de Embestida
La premisa no sorprende a nadie: un huracán catastrófico azota un pueblo costero, el nivel del mar sube de golpe y sus habitantes tienen que sobrevivir a una horda de tiburones hambrientos. Hasta aquí, nada que no hayamos visto ya mil veces. Lo llamativo es que Embestida ni siquiera intenta disimular sus carencias, sino que se regodea en ellas hasta el agotamiento.
La película se excede en todo y eso, lejos de darle personalidad, la hace directamente ridícula. Los efectos visuales están poco trabajados, por decirlo con educación, y hay momentos en los que la pantalla parece más un videojuego de hace quince años que una producción de 2026. Da la sensación de que parte del presupuesto se perdió por el camino.

En cuanto al reparto, Phoebe Dynevor, Whitney Peak y Djimon Hounsou encabezan el cartel. Nombres que, sobre el papel, merecen algo mejor. Aquí, sin embargo, ninguno de los tres hace nada memorable, aunque tampoco se les da material con el que trabajar. La campaña para los Razzie ha empezado pronto este año.
Lo más triste de todo es que detrás de esto está Wirkola, director que ha demostrado tener sentido del humor y cierta habilidad para el caos controlado. En Embestida ni eso. Uno tiene la impresión de que Netflix encarga estas películas convencido de que sus suscriptores no piden más. Puede que tengan razón, pero eso no las hace mejores.
Un espectáculo feo, chapucero y completamente prescindible.











