VACÍO – Entrevista a Javier Cano Larumbe

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Un chico sale de su cama porque no puede dormir. En la sala, sus padres discuten sobre su separación. El chico siente que hay alguien en casa pero él es el único que ve el peligro. Este es el tercer cortometraje del director español, Javier Cano Larumbe.

Me senté a hablar con Javier sobre su film, y el tiempo nos quedó corto. Quise desmenuzar cada detalle del film, comenzando por su título: VACÍO.

El chico siempre está viendo a un lugar vacío, un pasillo, un cuarto, donde no vemos nada más que el espacio negro. Al mismo tiempo, la relación de sus padres que se deteriora crea un vacío en el niño. Así que empiezo:

“Para ti, como creador de este film, ¿qué representa el vacío en esta película?”

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© Fotografía del director J. Cano Larumbe

“Comenzamos fuerte”, ríe Javier. Y debo decir que la entrevista fue de esas conversaciones que no quieres que terminen. Javier prosigue, “Como dices, hay una doble lectura de este vacío, pero que no dista mucho la una de la otra. Para mí, de alguna forma, este corto parte de querer transmitir cómo me sentí yo cuando mis padres se divorciaron cuando sólo tenía ocho años. De alguna forma, esta sensación que lo embargaba todo era la del vacío. También la impotencia de recibir las consecuencias de unos actos que nada tenían que ver conmigo de forma directa. Pero sí que tienes una sensación de que todo se desmorona y de que todo tu universo desaparece. Allí es donde entra esta idea simbólica o este juego visual con la imagen más propia del vacío, de esta estancia oscura, de este espacio donde no sabes qué hay más allá y que cada vez va adquiriendo mayor fuerza y va devorando la casa”. 

“¿Por qué escogiste el género del horror para representar esto?”

“Soy gran fan de las películas de género y me encanta cuando el género nos pone de alguna forma, de cara con temas que son puramente humanistas y con los problemas que tienen mucho que ver con nosotros como personas, en ese sentido para mí, el género del terror lo que hace es elevar una realidad, un conflicto que es muy propio del personaje del niño pero de una forma visual y real dentro del espacio fílmico. Esto ayuda muchísimo a conectar con el conflicto de forma directa y real. Democratiza al espectador cuando está viendo este corto. A mí, cuando es un terror más psicológico, emocional y simbólico, me encanta. Esto es lo que nos llevó a quererlo desarrollar de esta forma. Y también en relación a tu primera pregunta, cuando mis padres se estaban divorciando, tenía muchos terrores nocturnos y mis emociones se presentaban en sueños. Había uno que se repetía muchísimo, que era esta idea de mi padre al final del pasillo y tras de él una mancha negra, una oscuridad que lo devoraba y eso lo plasmamos en la película. La escritura de este guión fue para mí un proceso para entender lo que me sucedió en aquel momento, era un tema muy doloroso para hablarlo con mis padres así que esto me sirvió para analizar este periodo de mi vida, de volver al niño a quien había abandonado en aquella casa. Fue un proceso muy bonito. Me dio también la posibilidad de empatizar con mis padres. Y poco a poco tomas distancia y ya no los ves como tus padres, mientras escribes, sino que los ves como unos personajes, lo que te permite entender muchas cosas, lo cual hizo que todo fuese muy terapéutico”. 

“Hablando de ese proceso de catarsis en la escritura”, le digo, “el cine siempre nos muestra diferentes películas a lo largo de su creación. Es una película cuando la escribes, otra cuando la ruedas, otras cuando la editas, y ya luego la película le pertenece a cada espectador que la ve como quiere verla. ¿Sientes que la película que terminó siendo VACÍO, es realmente lo que querías hacer desde la etapa de escritura o fue cambiando a medida de que pasabas por cada etapa de creación?”

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© Afiche oficial de la película

“La película es un híbrido. Me siento como escritor y director, claro, pero me siento mucho más director que escritor. Pero sí que es verdad que necesito imaginarme las cosas para poder escribirlas, tengo un miedo atroz a la página en blanco y necesito hacer un trabajo previo de imaginar. Mi facilidad está en las imágenes. Empezó siendo una cosa mucho más pequeña de lo que pensaba. Creció muchísimo a medida de que iba construyendo a los personajes y la historia, descubriendo recuerdos propios. Dio muchísimas vueltas. Y obviamente sí que siento que en todos los procesos la historia fue creciendo. Pero a pesar de todo, leo el guión ahora, y siento que me lleva al corto que tenemos rodado. Pero sigo descubriendo cosas que han aparecido. Siempre que leía el guión, en mi cabeza yo veía el resultado, más allá de lo que estaba escrito en las páginas, pero es porque lo viví, y filmar fue un trabajo durísimo para mí. Todos los días en el set, a pesar de que llamaba a los personajes por su nombre, era como entrar cada día a aquella casa, al mismo salón, y revivir todo, pero la esencia del corto siempre estuvo allí. Era como que la misma película, incluso en post producción, nos decía qué era lo que necesitaba pero que al mismo tiempo concordaba con lo que ya teníamos en el guión. Fue maravilloso”.

Podemos decir mucho sobre esta película, sobre todo de los grandes nombres conectados a ella como María Valverde, Javier Beltrán y J. A. Bayona, a quien Javier describe como cine: “Estar con Bayona es cine puro. Él es cine”.  Pero quiero hablar del niño, Tomeu Artigas, cuál fue su proceso, ya que con sólo su mirada lo dice todo.

“Fue una locura, me encanta porque me estás haciendo recordar muchas cosas mientras hablamos”, dice Javier.

“Estamos en terapia. Voy a buscarme un café y seguimos”, le digo. Ambos reímos, y este fue el tono de la conversación desde el inicio hasta el final. 

“Descubrir al Tomeu fue increíble. Habíamos visto muchísimos niños, fue un casting abierto en muchas ciudades y por alguna razón el niño no salía. Claro, yo tengo un vínculo muy personal con el personaje, así que buscaba cosas muy precisas, muy únicas. Dos semanas antes del rodaje, no teníamos al niño aún. Y recuerdo tener una conversación dura e intensa con producción diciendo que si no tenemos al niño no hay cortometraje. Teníamos a María Valverde, tenemos a Javier Beltrán, que son maravillosos y que sólo con su presencia llenan el espacio, pero es que si no está la mirada del niño, no tenemos historia. Todo estuvo a punto de saltar por los aires. Esta conversación la tuve antes de la última prueba de casting, donde se apuntaron un par de niños que no vienen de agencia ni nunca habían actuado, y allí apareció Tomeu y fue amor a primera vista”. 

“Había niños brillantes pero había algo de Tumeo, de su mirada sobre todo, que me conectaba mucho con mi yo pequeño. Tiene esa dualidad de por fuera parecer un niño frágil, con una mirada muy tierna, pero al mismo tiempo, con este universo interno muy curioso, maduro, sin embargo. Y el proceso de ensayo que fue siempre a manera de juego fue muy interesante porque él creó a su propio monstruo, por así decirlo. En lugar de hablarle sobre mi propio miedo, sobre mi propio monstruo, le pregunté por el suyo. Entonces juntos empezamos a crear desde el imaginario. Para mí era importante también que el niño siga siendo niño, es decir, que después de filmar él siguiese su vida normal y hacer de esta una experiencia agradable para él, entonces todo era a manera de juego. También vi un crecimiento enorme desde el primer día hasta el último. Ya unos días de haber empezado el rodaje, él se acercaba a preguntar muchas más cosas, quería ayudar a María a entrar en su personaje haciendo diferentes caras, fue muy divertido y hermoso verlo crecer tanto y ganar tanta confianza en sí mismo”.

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© Fotograma obtenido del film «Vacío»

Después de despedirnos varias veces, cosa que no logramos, porque como siempre, yo tengo muchas más preguntas y la energía de la conversación fue hermosa, le pregunté sobre su trabajo en la publicidad y cómo éste ha influenciado su estilo cinematográfico.

“El cine me da un espacio y un lenguaje con el que me siento mucho más cómodo, o en el que surfeo con más profundidad. Me encanta contar historias, y si he llegado a la publicidad ha sido también por el cine. Me llamaba mucho la atención el componente visual de la publicidad, la agilidad que te da para contar historias, la economía visual que debes tener y son muchas de estas cosas que luego te llevas al terreno de la ficción, pero me encanta el híbrido. Si me tengo que definir, mi pasión es el cine. Vivo por y para el cine, pero sí que es verdad que sin mi paso por la publicidad jamás habría llegado a ser el director que soy ahora, ni el que seré en unos años. Hay algo del músculo de la publicidad que es maravilloso. He conocido a muchos de los colaboradores que he tenido en el cine en la publicidad. Al propio Bayona, incluso. Hice una segunda unidad de un comercial que dirigió él. Le debo muchas cosas a la publicidad”.

Y para terminar, le pregunté si pudiera trabajar con un director vivo o muerto, cuál sería.

No dudó un segundo en responder Steven Spielberg, quien es el referente y la razón por la cual él se dedica al cine. “Spielberg es una gran escuela de cine, conecto muchísimo con sus temas, con su forma de rodar. Y cuando era pequeño me preguntaban qué quería ser de mayor, yo decía que Steven Spielberg”, reímos. 

“¿Y del cine español?”

“Carlos Saura”, contesta y hablamos un rato sobre Saura. Le mencioné la entrevista que le hice a sus hijos y que pueden leer aquí. 

Cuando es hora de despedirnos por cuarta vez, Javier me dice riendo: “Me parece que ha sido poco tiempo”. Y la verdad es que con el cine, el tiempo nunca es suficiente. Hablar de esto con quienes lo hacen, con quienes le dan vida a emociones, hablarlo con el artista que canaliza el dolor y lo convierte en obra, es un privilegio tal, que quieres extenderlo lo más que puedes. Tal como menciona Nietzsche en Así habló Zaratustra: “Hay que llevar en sí un caos para poder dar a luz una estrella danzante”, y vaya que este film es una estrella danzante y brillante en un vacío en el que todos nos podemos reconocer, de una u otra forma.

 

© Imagen de cabecera: Fotograma obtenido del film «Vacío»

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Autor/a

Mlle. A (AKA Carla Aguilar Lopez)

Autobiografía: Venezolana. Cinéfila empedernida. Frase: "Las películas son emociones".

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