Alauda Ruiz de Azua repite la proeza de su ópera prima Cinco lobitos y, ahora, con Los domingos ofrece no solo una clase de guión sino también de lo que significa hacer buen cine.
Ainara, una joven idealista y brillante de 17 años, ha de decidir qué carrera universitaria estudiará. O, al menos, eso espera su familia que haga. Sin embargo, la chica manifiesta que se siente cada vez más cerca de Dios y que se plantea abrazar la vida de monja de clausura. La noticia pilla por sorpresa a toda la familia, provocando un abismo y una prueba de fuego para todos.
Cinta que llega tanto a creyentes como ateos, que puede ser apreciada de igual manera aun cuando se tenga posturas opuestas. Los domingos habla de la fe, de la familia y también de la necesidad de sentirnos amados. El ritmo es pausado, igual que en la serie Querer, la directora muestra el núcleo familiar de Ainara, su entorno y por otro lado el contexto del convento.
Los domingos tiene esa rara avis que se encuentra pocas veces en el cine, el de encontrar cierta paz y luz, no tiene que ver con lo que cuenta sino como lo hace. La fuerza del discurso de la cineasta siempre ha estado en sus diálogos, en que sus personajes son reales, sin artificios, no se esconden detrás de mascaras, son simplemente seres humanos.
El personaje de la tía funciona como villana, entre ella y Ainara se establece un duelo terrenal y celestial que me parece no solo interesante sino muy convincente. La abuela, el padre, son relevantes pero no llevan el peso de Maite, incluso la madre superiora tiene escenas que realmente impresionan.
El reparto de la cinta es la confirmación definitiva de una obra mayor. Blanca Soroa supone su primera aparición en cine y la ejecución del personaje es electrizante, ternura, lo angelical, la pureza. Patricia López Arnaiz nos tiene acostumbrados a trabajos sobresalientes, no imagino a nadie más como Maite, merecido su Goya. Nagore Aranburu repite con Alauda, su mirada, sus pocas palabras le valen ese otro premio secundario.
Desde el respeto, la sobriedad y la calma Los domingos resulta un milagro cinematográfico.











