Incontrolable (I Swear)

Películas
72
72
Incontrolable (I swear)

Por muy cursi que pueda sonar, en lo personal creo que el audiovisual tiene varias capas por las que una persona se puede sentir atraída hacia una historia. Por evasión del mundo real, por querer viajar a mundos imaginarios o a países a los que no ha pisado nunca, por aprender algo nuevo o por empatizar con los personajes. Normalmente las historias que permanecen en la memoria son aquellas que despiertan una empatía, ya sea por una historia de ficción o por enseñar una cara del mundo a la que no se le presta demasiada atención. El caso de hoy es una valiosa lección de empatía dentro de la segunda categoría.

Basada en hechos reales, la historia se centra en John Davidson, un chico que a los 15 se le diagnosticó síndrome de Tourette, causándole burlas entre sus compañeros de colegio. Durante gran parte de su vida adulta, John trató de adaptarse y comprender su condición hasta el punto de convertirse en un referente en campañas para concienciar sobre el Tourette.

Más allá de que la película acertadamente comience con el momento más importante en la vida de John y asiente el tono general, es de agradecer que se tome su tiempo para presentarlo a él y a su entorno, por lo que un retroceso en el tiempo para ofrecer algo de contexto es una decisión más que acertada. Además, el hecho de que se presente a John de adolescente en Galashiels, Escocia durante la década de los 80 a ritmo de New Order le da un dinamismo y una fuerza propia de cualquier chaval joven. Su entorno va a estar muy marcado por la disciplina, ya sea a través de un colegio donde los castigos físicos estaban a la orden del día ante cualquier infracción; o a través de su familia, una familia de clase trabajadora que prefería ser tajante con los problemas antes de llegar a la raíz, formas que inevitablemente condicionarán su propia visión.

Y si bien las primeras manifestaciones de Tourette para John de cara al espectador pueden resultar cómicas, a medida que la cinta avanza el tono con el que maneja los tics sabe mantener el perfecto equilibrio entre la comedia debido a los tics involuntarios y el drama con las consecuencias en la vida de John. La medicación, la vigilancia de un adulto, la tensa relación son su familia, el que siempre tenga que estar disculpándose por un exabrupto y, en definitiva, la imposibilidad de vivir una vida normal sin meterse en problemas. El equilibrio entre el drama y la comedia justamente viene porque el filme y la lente de Kirk Jones no buscan hacer de John un personaje miserable ni tampoco tratarlo con burla o como un ser extraño por sus comentarios sobre los que no tiene control, sino que todo el relato está tratado con una sensibilidad exquisita sobre lo cotidiano, sin grandes victorias como un biopic convencional de superación.

Incontrolable (I swear)

Y aunque de cara a su clímax donde John sí se empieza a sentir más cómodo con su piel (o con su condición si queremos ser precisos) y encuentra un propósito que le da sentido para mantener su condición a raya sí podría caer dentro de la grandilocuencia de una historia de superación arquetípica, mantiene esa sensibilidad y la concienciación sobre el Tourette. John no se cura mágicamente porque su condición no tiene cura hasta el día de hoy, pero aprende a vivir con ella, la gente de su alrededor se vuelve más consciente de sus necesidades fruto del paso de las décadas y encuentra su pequeño pero gran lugar en el mundo, un mundo que hace años parecía darle la espalda y tratarle con desdén. Es un cierre que, sin grandes concesiones, se siente como una gran victoria en la línea de las feel good movies.

Por supuesto, John o, mejor dicho, Robert Aramayo es el protagonista indiscutible de la historia. Maneja con una soltura impresionante el tono cómico con el dramático de los tics sin caer en un retrato paródico y con el enorme mérito de que el espectador sepa diferenciar cuando se trata de una respuesta incontrolable y cuando el comentario podía ir cargado con una pizca de humor más británico. E igualmente notable el trabajo de su versión joven, Scott Ellis Watson, sobre todo con esa transición de adolescente corriente con sueños y esperanzas a adolescente tratando de entender su nueva condición y encajar en un mundo que no quiere ayudarlo. No se puede obviar tampoco el trabajo de Maxine Peake como Dottie, la casi madre adoptiva de John con un corazón de oro, dispuesta a escucharlo cuando nadie más lo hacía y que será su gran ancla para afrontar retos que ni el mismo creía capaz.

En definitiva, se trata de una historia que sin caer en sentimentalismos es una valiente muestra de empatía.

LA NOTA DE FILMFILICOS

EN POCAS PALABRAS

Un tragicómico ejercicio de empatía que rebosa sensibilidad.

4
Cine británicoComediaDramaKirk JonesMaxine PeakePeter MullanRobert AramayoScott Ellis WatsonShirley Henderson
Entrada anterior
Estrenos a vista de trailer (10/4/2026)

Autor/a

Palomiix (AKA Paloma Sztrancman)

Autobiografía: Graduada en Comunicación Audiovisual, pero eso es una simple excusa para pasarme el día viendo películas y series como si no hubiese mañana. Y si a eso le sumamos la lectura tenemos el 90% del tiempo pillado. Frase: "Dame una taza de chocolate y una buena historia. No necesito más para ser feliz".

Más artículos de Palomiix

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

YouTube
LinkedIn
Pinterest
Instagram
Publicidad
Artículos más recientes del filmblog
Filmlista
filmlista con todas las películas comentadas en filmfilicos