Imagina que estás embarazada de tu primer bebé, pero tienes problemas económicos y estás a punto de perder tu casa, por suerte la madrastra de tu marido tiene dinero y decide ayudarlos, la única condición es que ella debe vivir con ustedes; parece un precio justo hasta que descubres que es una anciana quiere volverte loca y robarte a tu familia (más de una persona se identificará con esto) y justo de eso trata la película “The Front Room (2024)” dirigida por Max Eggers y Sam Eggers y aquí les platico sobre ella.
Solange (Kathryn Hunter) es más que una tierna abuela, una bruja que nos lleva por el camino del terror geriátrico, (que ya se ha tocado en The Visit (2015) y en La Abuela (2021)), pues el intenso cuidado que debe poner Belinda (Brandy Norwood), su nuera, pasa de lo terrible y tedioso a lo asqueroso y desesperante. Consigue integrar elementos religiosos y de brujería que no logran volverse determinantes. Eso sí, la actriz se planta muy bien su papel y lo hace muy creíble.
Por su parte Belinda es un personaje muy extraño en su construcción, pues por momentos la notamos evidentemente harta y cansada de los cuidados de su suegra y eventualmente de su bebé recién nacido, a veces conformada. Pero, en otro momento parece estar bien, se vuelve loca, se pierde en su propia espiral y se ríe de su propia situación. Y es que, aunque bien podrían haber metido más terror, al final resulta una comedia ácida que no termina de definirse en género.

El que de plano no aporta más que en un par de escenas es el marido, Norman (Andrew Burnap), que como personaje, parece un mueble más de la casa.
Al final hay un par de escenas medio raras que pretenden perturbar, pero creo que poca gente va a impresionarse de verdad y lo malo de todo es el final predecible y ridículamente largo, es como si hubieran forzado un epilogo para aclarar algo que se anuncia desde las primeras escenas.
En resumen, The Front Room, es un drama, una comedia sobre el cuidado de los ancianos y las difíciles dinámicas familiares que intenta volverse terror a través de trucos de magia y elementos religiosos que no cuajan en ningún momento, con un final muy predecible.











