Lejanos se sienten esos tiempos en los que cada año había una temporada nueva de una serie. Muchos pueden ver esto como un símbolo de que cuanto más tiempo haya entre una temporada y otra, la calidad será más alta, pues el tiempo empleado puede servir para construir mejores arcos, pulir los guiones o planear de forma más concienzuda la logística si se trata de una gran producción. Pero si uno se pone a observar con lupa la década de los 2020s, no se puede negar que la pandemia y la huelgas de sindicatos de actores y guionistas han jugado un papel importante en dilatar el tiempo entre una temporada y otra. Y en ocasiones ese estiramiento del tiempo puede traducirse en una pérdida de interés del público, que busca nuevas series con las que llenar el vacío; o que el producto final tras una espera larga sepa a poco.
Basada en la novela homónima de Terry Pratchett y Neil Gaiman, tras los acontecimientos de la segunda temporada Azirafel ha sido nombrado el nuevo arcángel supremo y uno de los grandes planes del Cielo es la Segunda Venida. Sin embargo, los planes en el cielo no parecen estar saliendo según lo previsto, por lo que Azirafel optará por pedirle ayuda a Crowley para solucionar el problema. Pero primero ambos deberán solucionar sus diferencias personales y ver si están dispuestos a trabajar juntos por una última ocasión.
Si a los problemas que he mencionado en líneas anteriores acerca del tiempo entre una temporada y otra se le suma el problema detrás de las cámaras con Neil Gaiman, el hecho de que haya un cierre para la serie se siente casi como un milagro. Y aunque el cierre funcione como tal, el hecho de optar por cerrar la historia con un capitulo especial de 95 minutos se siente insuficiente. A medida que va avanzando el metraje, es demasiado notable que la idea original era tener una tercera temporada de seis capítulos como lo habían tenido sus antecesoras. Por ello este capítulo final está lleno de tramas y subtramas que aparecen y desaparecen rápidamente, que hubiese sido mejor desarrollarlas con más minutaje para que se sintieran orgánicas y no como las excusas para reunir a Azirafel y Crowley casi de manera forzada.

Aunque para el tiempo y las circunstancias que tenían logran salvar los muebles correctamente. La química entre Azirafel y Crowley sigue intacta, y no es ninguna sorpresa que los momentos donde más brilla la historia son aquellos donde ambos son los protagonistas y todo lo demás son adornos. Esto no quiere decir que la serie haya perdido su esencia de mezclar la sátira, la comedia y lo absurdo, de hecho, la trama con el Mesías y su cometido en la Tierra es el ejemplo perfecto de lo bien integrada que está por combinar lo absurdo y lo enternecedor, solo que nuevamente habría estado mejor un desarrollo mayor frente a tanta superposición de tramas.
Y sin ser perfecto ni pretenderlo, el cierre de la historia sí opta por centrarse en su pareja protagonista, dándoles algo de espacio, trabajando con esa relación tensa y reconfortante hasta llevarlo a un punto que tal vez podría haberse resuelto mejor respecto al estado en el que se encontraban de la relación, pero no deja de ser honesto con la filosofía de la serie, la visión de humanidad y con la evolución a través de los siglos del ángel y el demonio. Si a eso se le suman las excelentes interpretaciones de Michael Sheen y David Tennant con unos personajes ya son parte de su ADN y donde demuestran que son unos de los mejores tesoros británicos poco más queda por decir.
Es probable que este cierre no pase a la historia como uno de los mejores del mundo televisivo y muchos seguidores acérrimos pueden enfadarse al ver que queda lejos de sus expectativas, pero en lo personal agradezco que la serie haya tenido una conclusión clara, las carcajadas que ha logrado sacarme a lo largo de los años y la sonrisa boba que me ha dejado con su final.











