Llevar una buena historia del libreto de guion a la gran pantalla, no siempre equivale a gastarse una millonada en todos los departamentos técnicos o artísticos de la película. Si la historia es atractiva, tiene gancho y, sobre todo, entretiene, a veces basta con solo una localización, un par de personajes y un buen equipo que se preocupe por el acabado del filme para conseguir una buena producción audiovisual. Un ejemplo reciente dentro de la cinematografía española es el debut de Juan Albarracín, quien con su primera película El instinto, a conseguido cumplir los requisitos anteriormente mencionados, a pesar de que el resultado final no haya sido del todo convincente.
Abel es un arquitecto exitoso que lleva varios años viviendo con un trastorno de agorafobia, el cual le impide poder salir de casa. Cuando su perro Leo fallece en un trágico accidente, Jose, un adiestrador canino, se ofrece a ayudarle para superar su patología usando metodologías poco convencionales.

En primer lugar, hay que destacar la premisa sumamente interesante que propone Juan Albarracín a su historia, la cual parece sacada de la mente del director griego Yorgos Lánthimos. De hecho, algunas de las dinámicas de poder vistas en El instinto, son similares a las vistas en Kinds of Kindness. En este caso, la dominación-sumisión viene dada a través de lo que podríamos considerar el «arte» del adiestramiento canino. Una serie de entrenamientos que el mismo Jose busca implementar en Abel para superar su trastorno.
Las actuaciones de Javier Pereira y Fernando Cayo aprueban con nota alta en todas las secuencias que comparten juntos, especialmente, Cayo como adiestrador es aterrador y sus micro expresiones en determinadas escenas, lo convierten en una bomba de relojería actoral que es satisfactoria de ver. También mencionar la actuación de Eva Llorach, quien está estupenda en las secuencias que aparece. Combinando una dirección ambigua en el apartado técnico, pero efectiva en su resolución, hacen que el filme apruebe con nota alta en cuanto a los códigos de un buen thriller se refiere.

Técnicamente, los movimientos de cámara que tratan de emular el comportamiento canino, así como las diferentes simbologías creadas a través de la composición de planos, son uno de los grandes aciertos del filme. En adición, el metraje goza de una estructura episódica combinada con metrajes de archivo que, al verlos junto con las secuencias presentes en el filme, generan una yuxtaposición de sensaciones un tanto perturbadoras. En ese sentido, la banda sonora caracterizada por un uso de sintetizadores en arpegios, otorgan a los momentos más importantes de la historia una capa más misteriosa y adictiva de ver.
Ahora bien, el único y principal problema de la película reside en el propio guion de esta. Su primer acto y mitad del segundo, plantean una dinámica poderosa y con un sin fin de hipotéticas situaciones de lo más escalofriantes posibles. A pesar de que si llega a esas situaciones, el desarrollo hasta llegar a ellas se siente muy apresurado y con una evolución de personajes un tanto forzada. Sientes que te has saltado un par de escenas donde se haya llegado a ese punto dramático. Además, no acabamos de saber realmente algunos de los aspectos psicológicos más relevantes de Jose, el adiestrador, reduciéndose a un villano que ejerce el mal porque hay algo dentro de él que lo empuja a hacerlo. En cambio, con el personaje de Abel si conocemos algunos aspectos de su pasado que lo han hecho ser la persona que es en el presente de la historia. Aunque no se explica de forma totalmente explícita, lo cual no es ningún momento un aspecto negativo (no todo te lo tienen que dar masticado) si deja al filme con una sensación de ambigüedad, que, combinado con un tercer acto de tono más cliché, te deja un final con un sabor agridulce.

Por todo lo dicho anteriormente, El instinto si supone una buena prueba de que no hace falta escribir una historia con múltiples elementos narrativos o una infinidad de personajes. Basta con un único espacio y unos personajes interesantes que tengan una historia que contar. En este caso, la resolución no ha estado a la altura de lo planteado, pero aun así, estamos ante un ejercicio de dirección más que eficiente de un director muy prometedor. Estaré atento al siguiente proyecto de Juan Albarracín.











