Si bien Yorgos Lanthimos ha sabido labrarse un nombre propio debido a su particular filmografía, debido a su estilo tan especial uno nunca sabe por dónde va a salir. Lo mismo una película como Pobres Criaturas se convierte en un éxito para el gran público que lo mismo el realizador decide volver a sus orígenes más ásperos y crueles, como si quisiera volver a su nicho, aunque acompañado de un reparto estelar como en Kinds of Kindness. Quizá por este factor imprevisible siempre puede generar curiosidad un nuevo trabajo suyo.
Basada en la película coreana Salvar el planeta Tierra, dos jóvenes que creen en teorías de la conspiración están convencidos que una especie de alienígenas quieren destruir el planeta. Ambos están seguros de que Michelle, la CEO de una gran compañía farmacéutica es una alienígena de esa especie, por lo que la secuestran con el objetivo de que ella los conduzca a la nave nodriza.
He de comenzar aclarando que no estoy familiarizada con la cinta original, por lo que solo podré comentar esta versión, una que tiene el sello de su director y al mismo tiempo sabe sorprender. Es llamativo como Lanthimos y su director de fotografía comienzan estableciendo muchos contrastes. Por un lado, está esa pareja de primos conspiranoicos en su casa humilde, desordenada, alejada de todo, con tonos cálidos y en aparente consonancia con la naturaleza y el ecosistema. Por otro lado, está Michelle con un entorno mucho más estructurado, ya sea la moderna vivienda propia o la mega oficina donde trabaja, una rutina disciplinada, una escala magnificada y evidentemente la paleta de colores es mucho más fría para reflejar esa pulcritud. Evidentemente, cuando ambos mundos colisionan a través del secuestro el filme se pone patas arriba, donde esas rarezas o comportamientos extraños de los primos se materializan por todo lo alto.
A partir de ese momento la acción y la tensión se van a volver más contenidas entre cuatro paredes, donde por supuesto todavía queda espacio para que Lanthimos dé rienda suelta a situaciones extrañas en base a los comportamientos de sus personajes, unas situaciones que, como no podía ser de otro modo, se mueven entre lo incómodo y la comedia negra. Pero paradójicamente y sin rehuir de su sello característico, puede tratarse de uno de sus trabajos más serios hasta la fecha con ligeras incursiones en la ciencia ficción. Los motivos que tienen algunos personajes de actuar cómo actúan se va revelando con flashbacks que desconciertan, hipnotizan y desagradan a partes iguales con sus caprichos estilísticos correspondientes. Y para cuando la historia se encamina al tercer acto, el director no deja títere con cabeza, la violencia irrumpe en escena para dejar huella y las sorpresas que se guardaba debajo de la manga salen a relucir, haciendo que la historia sea un viaje alocado como pocos.

En cuanto a la sátira, quizá para esta ocasión no es tan ácida o corrosiva, sino que se siente muy real sin necesidad de suavizarla. Las teorías de la conspiración llevadas al extremo, despiadados directores de grandes corporaciones buscando siempre mantener la apariencia de altruismo cuando en lo único que quieren es engordar sus beneficios, una clase trabajadora esforzándose o sobre esforzándose al máximo por una miseria de recompensa o un ecosistema que poco a poco se va muriendo por avaricia son temas que están presentes en la vida diaria de todo el mundo, y que por mucho que se pretenda hacer sátira con ellos, hoy en día la realidad supera a la ficción.
Para esta ocasión, el reparto es muy reducido y por supuesto comprometido con la rareza de su historia. Mucho se ha comentado el gran trabajo de Emma Stone como Michelle, la CEO secuestrada, ya no solo por el reto físico de su cambio de imagen, sino porque con Lanthimos parece ser un tándem director y actriz perfecto de comprender exactamente la sinergia necesaria. Pero en mi opinión más personal, la gran sorpresa de la cinta es Jesse Plemons como Teddy, quien lleva la voz cantante en esa pareja de conspiranoicos, un personaje muy determinado con sus creencias, amenazador y al mismo tiempo vulnerable para acabar componiendo un retrato complejo.
En resumen, se trata de otro paso impredecible en la carrera de Lanthimos, uno que puede generar amores y odios a partes iguales pero que es un gusto tener esta clase de realizadores prolíficos y sin miedo a nada.











