Little Amélie

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Little Amélie

Cada año cuando llegan las nominaciones a los Oscar, en la categoría de mejor película de animación suele darse un fenómeno curioso. Por un lado, la presencia de monstruos que han dominado la conversación durante todo el año o que tienen un sólido respaldo de público, como Las guerreras k-pop o Zootrópolis 2. Mientras que, por otro lado, estas nominaciones siempre dan visibilidad a cintas más artesanales que apelan tanto a los más pequeños como a los adultos. Y en ocasiones como con Flow son capaces de llevarse el gato al agua (já). Y aunque este año es altamente probable que la gran producción acabe imponiéndose sobre la competencia, nunca está de más echarle un vistazo a lo que ofrece esta siempre interesante categoría.

Basada en la novela autobiográfica La metafísica de los tubos de Amélie Nothomb, la historia sigue a Amélie, una niña belga nacida en Japón. Con la ayuda de su familia y especialmente de su niñera, Nishio-san, el día a día de Amélie es una aventura donde siempre hay algo nuevo por descubrir. Pero el día de su tercer cumpleaños, la vida de Amélie cambia para siempre.

Para esta ocasión he de aclarar que no estoy familiarizada con el material original, por lo que mi opinión solo está basada en lo visto en la película. Y lo cierto es que, por su punto de vista narrativo, a través de los ojos de Amélie, la cinta capta la atención del espectador de manera inmediata. Ver el mundo a través a esos ojos es ver un mundo donde cada descubrimiento, por cotidiano que sea, es grandilocuente, donde la pregunta más frecuente es un simple “por qué” incluso para los temas complicados con los que lidian los adultos y donde en el caso particular de Amélie, demuestra desde bien temprano que es una niña mucho más inteligente de lo que su familia puede entrever, y que en un primer momento la única persona que no frena su curiosidad y que no la trata como un ser inferior es Nishio-san.

Little Amélie

Además de la inteligencia y la perspicacia de la joven protagonista, resultan igualmente interesantes sus circunstancias familiares. Ella no deja de ser una niña de una familia belga, extranjera, viviendo en Japón en la segunda mitad del siglo XX. Nishio-san debido al tiempo que pasa con ella a su cuidado y porque la propia Amélie también se siente muy cómoda con ella hasta el punto de ser su persona de confianza, le enseña costumbres de la cultura japonesa con tal de ampliar su mundo y de reconfortarla, algo que va a ser una postura radicalmente opuesta a la de Kashima-san, la casera de la familia, con una actitud más severa y rencorosa por las heridas del pasado y en especial de la guerra. La propia Amélie llega a afirmar en una escena del filme que ella no es belga, sino japonesa. Todo el mundo que conoce está basado en Japón, desde su casa, los peces, los estanques, los cerezos o el saber escribir su nombre en un idioma que no domina prácticamente forman parte de ella, y el mero pensamiento de tener que abandonar todo lo que ha conocido, lo familiar, para empezar en otro sitio es aterrador. Si el pensamiento es estremecedor para muchos adultos, que no va a serlo para una niña con un terrible conflicto de identidad.

Pero tal vez lo más sorprendente de la cinta es que a pesar de los temas que trata es el tono ligero y reconfortante que tiene, casi como una lluvia después de un día cálido que tras su paso queda el petricor, y como se las arregla para condensar todo el cuerpo de la historia en poco tiempo dejando un filme muy compacto, ligero pero capaz de quedarse con el espectador. Y evidentemente gran parte de su logro se debe al estilo de animación, a medio camino entre un cómic europeo y la animación japonesa tradicional, con esos colores vibrantes donde la naturaleza adquiere un papel fundamental, y gracias a la visión de Amélie, hay secuencias que se tornan fantásticas. También hay secuencias donde el medio de la animación de forma muy inteligente se pone al servicio del storytelling, siendo el ejemplo perfecto la secuencia donde Nishio-san le relata a Amélie sucesos sobre la guerra en medio de una rutina de la cocina, con todo el lenguaje visual caótico y violento que supone el trajín de la cocina.

En definitiva, se trata de una fábula muy particular sobre los primeros años en la infancia, que combina delicadeza y grandeza a partes iguales y de la que es imposible no salir enternecido.

LA NOTA DE FILMFILICOS

EN POCAS PALABRAS

Una conmovedora historia con el punto de vista particular de una niña que plantea grandes preguntas y que nos recuerda que a veces las respuestas a dichas preguntas son sencillas.

4
AnimaciónCine belgaCine francésDramaEmmylou HomsLaetitia CorynLiane-Cho HanLoïse CharpentierMaïlys ValladeMarc ArnaudOscarsOscars 2026Victoria Grosbois
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Autor/a

Palomiix (AKA Paloma Sztrancman)

Autobiografía: Graduada en Comunicación Audiovisual, pero eso es una simple excusa para pasarme el día viendo películas y series como si no hubiese mañana. Y si a eso le sumamos la lectura tenemos el 90% del tiempo pillado. Frase: "Dame una taza de chocolate y una buena historia. No necesito más para ser feliz".

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