Hay películas que van más allá de lo que se supone que tienen que hacer. Que llegan con el cartel de «cine de animación para toda la familia» y acaban hablándote de cosas que duelen de verdad: del tiempo que pasa sin pedir permiso, de soltar lo que quieres, de que crecer es inevitable aunque nadie te haya preguntado si estabas de acuerdo. Toy Story 3 es una de esas películas.
Y no, no exagero. Lo digo siendo consciente de que estoy hablando de una película de juguetes.
Andy se va a la universidad y ya nada vuelve a ser igual
Andy tiene diecisiete años y en unos días empieza la universidad. Los juguetes, después de años cogiendo polvo en el fondo de una caja, se enfrentan a su destino: el trastero, la bolsa de basura o la donación. Por un malentendido acaban en la guardería Sunnyside, que a primera vista parece un paraíso y que muy pronto revela su cara más oscura. A partir de ahí, aventura, escapada, tensión y, en el tramo final, una de las secuencias más emocionalmente demoledoras que ha dado el cine de animación.
Dirigida por Lee Unkrich (que ya había codirigido Toy Story 2 y conocía estos personajes como la palma de su mano) y con guion de Michael Arndt, la película recupera las voces de Tom Hanks como Woody y Tim Allen como Buzz, y suma incorporaciones de lujo: Ned Beatty como el inquietante Lotso, Michael Keaton como un Ken absolutamente memorable, y Whoopi Goldberg, entre otros. La banda sonora, de nuevo a cargo de Randy Newman, acompaña con la elegancia de siempre, aunque en esta ocasión lo que se queda grabado no es ninguna canción sino el silencio tenso de ciertos momentos.
La película de animación que plantó cara en los Oscar
Aquí hay que detenerse, porque lo que consiguió Toy Story 3 en la historia de los premios de la Academia no tiene parangón. Obtuvo dos Oscar: Mejor Película Animada y Mejor Canción Original. Pero además fue nominada a Mejor Película, Mejor Guion Adaptado y Mejor Mezcla de Sonido. Cinco nominaciones. Cinco.
Y la de Mejor Película no es un detalle menor. Solo tres películas de animación han sido nominadas al máximo galardón de los Oscar: La Bella y la Bestia, Up y Toy Story 3. Tres en toda la historia. Para entender la dimensión de eso hay que tener en cuenta que la Academia lleva más de noventa años entregando premios. Que una película de dibujos animados (perdón, de animación digital) compita de tú a tú con los dramas más serios del año habla no solo de la película, sino de lo que Pixar había conseguido construir a lo largo de una saga entera.
Disney hizo campaña activa para que la película consiguiera esa nominación a Mejor Película. Y funcionó. Porque Toy Story 3 lo merecía.

Lo que de verdad cuenta Toy Story 3
Toy Story 3 funciona en varios niveles simultáneamente, que es lo más difícil de conseguir en el cine. Para los niños es una aventura de escapadas, villanos y juguetes que cobran vida. Para los adultos (y aquí es donde la película se vuelve algo especial) es una carta de amor al fin de la infancia.
Los que vieron la primera Toy Story en el cine en 1995 tenían más o menos la edad de Andy en aquella película. Para cuando llegó la tercera parte, en 2010, esos mismos espectadores tenían la edad de Andy en esta película: a punto de irse a la universidad, dejando atrás una etapa. Pixar no hizo eso por casualidad. Esa sincronía entre la saga y el crecimiento real de su audiencia es uno de los ejercicios narrativos más elegantes que conozco en el cine comercial de las últimas décadas.
Y luego está el final. No voy a destripar nada, pero sí diré que la secuencia del vertedero y la despedida de Andy son dos de esas cosas que te pillan con la guardia baja y te recuerdan por qué el cine existe. He visto a gente adulta, gente que va al cine con cara de que nada le afecta, salir con los ojos rojos de ver una película de animación. Me incluyo, por si había alguna duda.
Toy Story 3 es la mejor de la saga. Lo es por margen. Y eso, teniendo en cuenta el nivel de la competencia interna, dice mucho. Es la película que demuestra que la animación puede ser cine con mayúsculas, que los juguetes pueden ser metáforas perfectas del tiempo y la pérdida, y que Pixar, cuando está en su mejor versión, no tiene techo.
Si todavía no la has visto, hazlo. Y si ya la viste, vuelve a verla. Pero ten pañuelos cerca. No es una sugerencia.










