Hay sagas que no conocen el tropiezo. Que encadenan entrega tras entrega sin que ninguna desentone, sin que te hagan pensar «bueno, esta era la que sobraba.» La saga Toy Story es una de ellas. Y precisamente por eso, hablar de Toy Story 2 como la más floja de todas es un ejercicio que requiere cierta honestidad y mucha matización: estamos hablando de la película menos brillante de una saga con un nivel superior. Lo cual, seamos sinceros, sigue siendo bastante más de lo que ofrece el 90% del cine de animación.
Andy se va de campamento y nosotros nos quedamos con Woody
Cuando Andy se marcha al campamento de vaqueros, Woody es robado por Al McWhiggin, un coleccionista de juguetes sin escrúpulos que lo reconoce como una pieza de colección valiosa. A partir de ahí, dos historias corren en paralelo: la de Buzz Lightyear y los demás juguetes intentando rescatar a Woody, y la del propio Woody descubriendo que forma parte de toda una línea de merchandising (juguetes, serie de televisión y todo el paquete) basada en el personaje del vaquero Woody’s Roundup.
Dirigida por John Lasseter, Ash Brannon y Lee Unkrich, y producida por Pixar, la película introduce personajes nuevos que enriquecen la historia: Jessie, la vaquera con un pasado emocional que golpea donde más duele; Bala en el Cielo, el caballo fiel; y el Prospector Pete, que viene con su propia agenda. Las voces originales de Tom Hanks como Woody y Tim Allen como Buzz repiten con la misma solvencia de siempre, y se incorporan Joan Cusack dando vida a Jessie y Kelsey Grammer prestando su voz al Prospector.
Y la banda sonora, otra vez en manos de Randy Newman, cumple con nota. When She Loved Me, interpretada por Sarah McLachlan en la versión original, es de esas canciones que te pillan desprevenido y te dejan sin argumentos. Para una película de animación, tiene una carga emocional desproporcionada. En el buen sentido.

La trampa de ser la del medio
El problema de Toy Story 2 no es lo que hace mal. Es lo que le falta de lo que hacen bien las demás. La primera tenía la ventaja del asombro: nadie había visto nada igual, ni técnica ni narrativamente. Toy Story 3 es directamente una obra maestra sobre el paso del tiempo y dejar ir lo que quieres. Y Toy Story 4, con sus contradicciones, al menos se atreve a romper algo.
Toy Story 2 es la entrega más segura. La que no falla pero tampoco arriesga demasiado. Su estructura es más predecible, el viaje del héroe más convencional y la resolución más cómoda. Funciona, entretiene, emociona en los momentos justos (sobre todo en todo lo relacionado con Jessie y su historia), pero no sacude. No te deja ese poso de «acabo de ver algo especial» que sí dejan las otras.
Lo curioso es que casi ni llega a existir: la película estuvo a punto de perderse literalmente cuando un error técnico borró accidentalmente el 90% del trabajo acumulado en los servidores de Pixar. La salvó una directora técnica que tenía una copia de seguridad en su ordenador de casa porque llevaba semanas trabajando en remoto para cuidar a su hijo recién nacido. Una historia que, de haberse contado en pantalla, quizás habría sido más emocionante que la propia película. Pero eso ya es ser muy malo.
Toy Story 2 es una película muy buena. Lo es objetivamente, y con eso ya me conformo. Que sea la menos redonda de su saga dice más de la saga que de ella. Si no hubiese Toy Story 3 para comparar, probablemente la recordaríamos como una joya sin fisuras. Pero existe, y el listón está donde está. Aun así, Jessie sola ya justifica el visionado. Y si When She Loved Me no te mueve algo por dentro, puede que necesites revisarla.











