Hay películas de terror que apuestan por el Jumpscare constante y otras que prefieren avanzar lentamente, dejando que la atmósfera y su historia sean las que se encarguen de provocar las emociones. Los Condenados (2024) de Thordur Palsson pertenece al segundo grupo y hace un buen papel, aquí les cuento por qué.
Situada en el siglo XIX, nos narra la historia de Eva (Odessa Young), una mujer viuda quien tiene que liderar a un grupo de pescadores en un empobrecido y helado pueblo irlandés. Un barco naufraga cerca de la costa y rescatar a los supervivientes supondría utilizar recursos de los que carecen y las decisiones que Eva y los pescadores tomen tendrán un alto precio.
Podría parecer que la premisa no es la gran cosa, pero conforme va tomando forma, la película se vuelve fuerte y se convierte en un muy interesante cuento folklórico de terror que se sostiene tanto de elementos comunes en el género: sangre, paranoia, violencia y una amenaza sobrenatural, como del aspecto psicológico en donde la simple amenaza de algo desconocido mezclado con las supersticiones ya genera tensión y eso combinado con el paisaje desolado frío y aislado, es un coctel bastante apetecible que recuerda por momentos a lo mejor de Robert Eggers o Ari Aster.

Uno de los aspectos más interesantes de Los Condenados recae en el personaje femenino que lidera al grupo. Es ella quien administra los recursos, toma decisiones y sostiene un orden precario mientras todo parece desmoronarse. Pero también es sobre ella donde termina cayendo el peso emocional de la tragedia. Algo poco común para la época, pero me encanta que no lo hace desde la lástima o el victimismo, sino desde la necesidad de sobrevivir y por eso se vuelve un personaje fuerte y clave.
La imaginería de la muerte también aporta momentos inquietantes. La forma en que los cuerpos son tratados, bajo rituales destinados a impedir que regresen o permitan el avance de aquello que los acecha, suma un aire sombrío que evita explicar demasiado y prefiere sugerir. Y es que el terror en esta película se sostiene también de lo imaginario, de los cuentos y leyendas pasados de una generación a otra y en la culpa y las emociones negativas que sólo un lugar solo, triste, pobre y helado pueden avivar.
Los Condenados quizá no sea una película particularmente compleja en su narrativa, pero encuentra fuerza en su atmósfera helada, en la tensión silenciosa y en la forma en que el terror parece mezclarse con el desgaste humano. Tiene sus defectos, pero conjugar el misterio, lo sobrenatural y la necesidad de sobrevivir la hace digna de una buena noche de terror.











