El cine argentino y yo mantenemos una relación amorosa desde que vi por primera vez El lado oscuro del corazón (1992), de Eliseo Subiela, y desde entonces, me siento irremediablemente atraída por él.

Uno de mis deberes como periodista latinoamericana es darle visibilidad a obras de nuestro continente e hispanohablantes en general, pero debo admitir, que el cine argentino es mi favorito. La sutileza en su narrativa sin importar el género, su belleza estética sin importar la cámara, este cine está simplemente lleno de magia.
Mi película argentina de esta edición del festival es “Para los contrincantes”, traída por Luxbox Films, es un cortometraje de Federico Luis, dentro de la Selección Oficial de Cortometrajes, filmado en 16mm, que nos lleva de la mano para ver en primera fila la pelea de boxeo de Damian, un joven boxeador motivado principalmente por su padre para ganar la pelea.
En la terraza audiovisual del Palais de Festivals, comienzo la entrevista con Federico, quien no es extraño al festival de Cannes, ya que en el 2019 su cortometraje La Siesta tuvo aquí su première internacional y en el 2024 ganó el Grand Prix de la Semaine de la Critique con su largometraje Simón de la Montaña, protagonizado por Lorenzo Ferro (co-director de la película El Tren Fluvial que también cubrimos en la Berlinale y que pueden leer aquí).
Comienzo la entrevista, “Tus películas anteriores como Simón de la montaña y el cortometraje La Siesta, son de observación, muy contemplativas. Tenemos esta sensación de que la cámara son tus ojos, como debería ser siempre, pero en dichos casos estás simplemente observando vidas reales, y es lo que ocurre en «Para los contrincantes». Sigues a este chico casi a manera de documental, y siento que hay una tensión que se esconde no en el boxeo sino en el deseo. Puede ser el deseo del padre, el deseo de Damian. Para ti, ¿cuál es ese deseo?”, pregunto.
«Mientras te escuchaba, me pareció impresionante la similitud entre la palabra deseo y la palabra boxeo, que con dos cambios la palabra puede transformarse y ser otra cosa. En general, cuando consigo los argumentos o los deseos que hacen que me empecine en hacer una película sobre algo, esto nace siempre de enamorarse de una persona en particular o enamorarse de una emoción que se encuentra dentro de alguien, y yo quisiera agarrarla y subirme como en una montaña rusa a esa emoción y extenderla. Poder transformarla en una película para vivirla una y mil veces y poder compartirla”.
“En este caso, aterricé en este mundo del boxeo mexicano casi como un meteorito, porque vengo de un país donde no existe esa tradición. Sentí una extrañeza tan grande que también tiene mucho que ver con el cine, no entiendo cómo no hay más películas hablando del mundo del boxeo en México. Y son muchas cosas las que me atraen de este mundo, pero creo que es sobre todo esta barrera que divide la infancia de la adultez en este personaje. Es un niño de 11 años, pero tiene que demostrar la madurez de una persona mucho mayor, y esto sucede cuando eres profesional de un deporte. El tener que cargar con ese deseo que parece venir de afuera, pero a la vez, empiezas a descubrir cuánto ese deseo tiene que ver con otros y cuánto tiene que ver realmente con él, y te das cuenta de que no puede provenir de ningún otro lado que no sea de él mismo”
El ejemplo que me dio Federico fue de cuando el deseo explota en la emoción inexplicable, como cuando eres niño y pasas la tarde jugando afuera, llegas a casa agotado, y sin saber ni siquiera cómo expresar ese agotamiento, puedes llorar, puedes gritar, quedarse dormido o mudo. Es así como se ve Damian al final de la pelea, queda en un estado casi de abstracción.

Siempre trato de buscar hilos conectores en las obras de un director, ya que siempre hay un elemento que sobresale por encima de todos los demás y que puede transformarse de película en película pero que de alguna manera, siempre está allí. En este caso, quise buscar ese elemento en sus personajes: “En esta película, así como en las anteriores que mencioné, los personajes parecen estar desconectados de algo y tu lente busca explorar esa desconexión. Damian parece desconectado de la pelea y por eso el resultado final. Y si este es el caso, ¿qué quieres decir con el título? ¿Qué quiere demostrar Damian, si es que quiere demostrar algo, a sus contrincantes?”.
“La primera pregunta sería quiénes son los contrincantes y qué es el “para”, responde Federico. “Cuáles son los elementos de esta película que uno podría regalarle al otro, desde lo más evidente como son los golpes, hasta lo más salido de ese horizonte de expectativas como lo pueden ser las lágrimas. Y también la palabra contrincante, para mí multiplica su sentido de una forma infinita cuando atraviesa los golpes y las lágrimas, porque para empezar, su contrincante más claro es su rival en la pelea, y cuando se pierde, siempre existe esa distorsión de uno mismo y se pregunta cuánto de ese resultado tuvo que ver con sus debilidades y cuánto tuvo que ver con las fortalezas del otro. Un lugar muy difuso donde uno termina siendo lo que el otro lo deja ser. Pero esos contrincantes también pasan a ser su padre, quien a veces parece ser su principal rival. Y por último, la película en sí misma”.
Hablamos sobre el hecho de que Damian es un boxeador en la vida real y que de todos los que Federico tuvo la oportunidad de ver, Damian era el mejor. Antes de la película, Damian había ganado siete peleas, y la pelea que se filmó, fue la única que perdió. Lo cual le da la certeza a Federico de que su principal contrincante en ese momento fue la cámara y la película misma. Y sin quererlo, la película termina siendo una expectativa más que pesa sobre el joven boxeador y que hace que todo se condense en esa emoción que él trata de contener cuando pierde.
En este punto, el tono de la entrevista se torna un poco más emocional porque a pesar de que esta emoción contenida de Damian es la que le da sentido a la cinta, y que de haber ganado, probablemente no estaríamos aquí hablando de ella, Federico quería que ganara, ni siquiera por el film, ni por la historia, sino por él. Realmente estaba apoyándolo. Después de tantos viajes a México y pasar tanto tiempo con Damian, se creó un vínculo fuerte entre ellos: “Es horrible la sensación que siento que de pronto por la película, por mí, él haya perdido la pelea y que se sienta como se siente, es un poco ridículo decirlo, pero así lo sentí, me pone muy triste. De hecho, en el momento, no me di cuenta de que esto sería lo más interesante para la película, sólo podía pensar en que perdió, paremos la cámara y vayámonos a casa”.
“Hay muchas cosas que yo puedo dirigir para llevar la película por un camino, pero si yo llego a tocar ese estado emocional en el que él se encontraba, destruyo todo. Entonces, cómo no pisar esa zona dejando que la película dependa de algo tan azaroso como lo es una pelea. Algo que nunca había hecho en ninguna otra película”, dice el director.
Pero sucedió algo muy lindo y que habla muy bien del Federico: Cuando Damian intenta contener sus lágrimas, el director se le acerca diciéndole que quería que ganara, pero eso fue lo que les tocó, y que si Damian le daba permiso, él quería grabarlo. Y casi como palabras mágicas le dijo “Llora si quieres llorar”, lo contrario a lo que el papá le decía en ese momento, y quizás todo el tiempo. Esto, a Damian le permite expulsar toda esa energía contenida del llanto. Lo cual fue muy interesante porque ese llanto, tal como lo dice Federico, fue un gran triunfo como actor.

“Al final, el encuentro entre el box y el cine, o entre la vida real y el cine, son tan interesantes por eso, se modifican tanto el uno al otro, es sorprendente”, dice.
También agrega que le da mucha curiosidad pensar qué habría pasado si hubiese ganado. Cómo este joven expresaría el sentimiento de ser felicitado y aclamado después de sacarle sangre a otra persona por sus golpes. “Pudo haber sido una película bastante impresionante, me imagino”, agrega.
Culmino la entrevista con la pregunta de por qué decidió volver a un cortometraje después de haber hecho un largo, lo cual es inusual, pero personalmente, me encanta y lo respeto mucho, sobre todo cuando responde que él lo que quiere es filmar, y un largometraje puede llevar mucho más tiempo y que si siempre esperase a que todo se dé para filmar un largo, pasaría demasiado tiempo sin rodar y “terminas siendo un cineasta que sólo manda emails”, dice. Al mismo tiempo de que sucede todo esto con su cortometraje, está también trabajando en su segundo largo, El entrenador de perros.
El director termina diciendo algo muy cierto: “Volver a un corto, lo veo como un acto liberador, no lo veo como paso atrás, sino como un pasito a cualquier lado”, lo cual al final, se une a todo ese hermoso y caótico viaje de ser cineasta.
Para Federico, esta película ha sido la más desnuda de ambición con respecto al resto de sus películas, pero no lo dice en un término negativo, todo lo contrario, es la simpleza de la película lo que la hace más hermosa, y lo compara con la pintura: “Es como si pintas un rostro simple, y luego quieres agregarle cosas y con eso comienzas a mancharlo, lo cual puede quedar genial o no. Pero este film fue un sólo trazo que quedó hecho de una forma mágica, del cual aprendí muchísimo y quisiera repetirlo”.
La magia de lo simple se ve y se siente en Para los contrincantes, una película que no sólo hace sentir a la audiencia sino también le da cierta esperanza a quienes nos dedicamos al cine, justamente por eso que precisa él tan sublimemente, eso de un único trazo, limpio, mágico. Pero para ello, el talento debe provenir del artista, lo que este director argentino tiene de sobra.
© Imagen de cabecera obtenida del film «Para los contrincantes»











