En la definición de la RAE, se establece que una antología es una colección de piezas escogidas de literatura, música, etc. En lo personal es un concepto que tiendo a asociar más con la literatura por mucho que haya ejemplos igual de válidos en el audiovisual. También es cierto que, al tratarse de una compilación de historias, la probabilidad de que haya historias notables, historias que simplemente son correctas y otras que son mejores para olvidar es muy alta. Y si bien la idea para esta antología se siente más como un experimento llevado a cabo por diferentes realizadores, es uno que llega a muy buen puerto y con mérito de un solo realizador.
La película reúne once historias con diferentes personajes y diferentes situaciones con un nexo en común: conversaciones que tienen lugar con tazas de café y cigarrillos sobre la mesa.
Tal vez el aspecto que más pueda llamar la atención es la metaficción que permea casi todos los segmentos. Los actores interpretan a una especie de versiones ficticias de ellos mismos, que, dependiendo del tono de la historia, puede estar más exagerado en beneficio de la comedia o del drama. Pero esta idea tan sencilla tiene muchas formas de abordarla. Al fin y al cabo, hay diversas conversaciones y situaciones que pueden darse alrededor de una mesa donde las únicas constantes son el café y los cigarrillos. Y es fascinante ver como tan solo con un par de personas y una situación tan cotidiana es la excusa perfecta para que las conversaciones surjan con total naturalidad, algo que no deja de ser el sello de Jarmusch, tomar lo mundano y convertirlo en estimulante.

Pero como cualquier antología, tiene unos picos muy altos, otros bajos y otros que por su brevedad no dejan ningún poso. Durante los primeros segmentos sí da más la sensación de estar delante de conversaciones algo más inofensivas, situaciones que quedan más en anécdotas que no van a ninguna parte o simples esbozos que no se prestan a crear una rica atmósfera, pero para la segunda mitad sí hay segmentos que son de notable y sobresaliente. Por esta aclaración, me gustaría detenerme en algunas historias que han sido mis favoritas dentro del compendio, y curiosamente son las dos que comparten el título y la temática: Primas y ¿Primos?, quizá porque ambos se toman su tiempo en presentar el conflicto familiar mediante conversaciones pasivo agresivas, silencios incómodos y miradas que dejan entrever más de lo que se dice. Y tal vez porque considero que son las secuencias que mejor capturan el espíritu trágico cómico de la idea, además de que las interpretaciones de Cate Blanchett, Alfred Molina y Steve Coogan son las mejores de todos.
Me gustaría destacar también, aunque sea un escalón por debajo los fragmentos de Gemelos, Renée y Delirio. En el caso del primer segmento, se debe más a lo absurdo de la situación y al buen hacer de Steve Buscemi como secundario de lujo; en el caso del segundo por lo realista que puede resultar toda la situación, y en el caso del último es porque, como su propio título indica, se trata de un delirio muy bien hecho que se permite navegar por una senda de surrealismo y hace de toda la escena un sketch muy divertido.
En resumen, se trata de una propuesta experimental donde los fragmentos destacan más de forma individual que como parte de un conjunto, pero que se puede apreciar su riesgo como largometraje.











