Cuando Marvel anunció que Daredevil: Born Again llegaría a Disney+, el fandom se dividió en dos bandos. Los que llevaban años reclamando el regreso de Charlie Cox y Vincent D’Onofrio y lo recibieron como si les devolvieran algo que nunca debieron quitarles. Y los escépticos, que recordaban perfectamente lo que Disney había hecho con otras series de Marvel en streaming y preferían no ilusionarse demasiado.
Ambos tenían razón en sus miedos. Y afortunadamente, al final ganaron los primeros. Aquí en Filmfilicos somos fans declarados del universo Daredevil. Así que vamos a ello.
Matt Murdock, Wilson Fisk y el arte de no ser lo que eras
Daredevil: Born Again es una continuación de la serie original de Netflix, que ve al abogado ciego y exjusticiero Matt Murdock enfrentarse a Wilson Fisk, quien se presenta como candidato a la alcaldía de Nueva York. Sí, Kingpin en política. Si eso no os parece suficientemente inquietante en los tiempos que corren, no sé qué deciros.
Al principio de la temporada, Murdock se centra exclusivamente en su faceta de abogado, apartado del traje rojo por los daños colaterales que conlleva ser justiciero. Ese punto de partida, Matt sin capucha, es uno de los aciertos de la temporada: nos recuerda que el personaje tiene peso sin el disfraz, que Charlie Cox puede sostener una escena solo con la voz y la postura, sin necesidad de repartir mamporros en un pasillo. Aunque los pasillos llegan, tranquilos.
El reparto es una fiesta para los que venimos de Netflix. Regresan Deborah Ann Woll como Karen Page, Elden Henson como Foggy Nelson y Wilson Bethel como Poindexter, ese personaje que en la tercera temporada original se convirtió en uno de los mejores villanos secundarios que ha dado el universo Marvel. Se incorporan caras nuevas como Margarita Levieva como Heather Glenn, el interés romántico de Matt, y Michael Gandolfini (sí, hijo de quien estáis pensando) como Liam, un tipo ambicioso de Staten Island con su propia agenda. Y luego está Jon Bernthal como Frank Castle / The Punisher, cuya presencia en la serie merece mención aparte aunque solo sea para confirmar que sigue siendo el Punisher más intimidante que ha pisado una pantalla.
La banda sonora corre a cargo de The Newton Brothers, que incorporan el tema original de John Paesano de la serie de Netflix. Un detalle que parece pequeño y no lo es: esa melodía es una señal de que esto va en serio, de que no han venido a borrar lo anterior sino a construir sobre ello.

La sombra de Netflix y lo que Daredevil: Born Again hace con ella
Seré honesto: la serie de Netflix sigue siendo mejor. La primera temporada de Daredevil de 2015 es, a día de hoy, probablemente la mejor cosa que ha producido Marvel para televisión. Tiene una oscuridad, una textura y una coherencia narrativa que pocas series de superhéroes han igualado. Ese pasillo de pelea del segundo episodio sigue siendo leyenda.
Born Again no llega a ese nivel. Pero tampoco lo pretende, o al menos no del todo. El showrunner Dario Scardapane llegó a comparar el tono de la serie con Juego de Tronos, por la cantidad de facciones compitiendo por el poder en Nueva York de formas complejas. Es una declaración de intenciones ambiciosa, y la temporada la cumple parcialmente. Donde la serie de Netflix se concentraba en la relación casi obsesiva entre Murdock y Fisk, Born Again abre el foco: hay más personajes, más tramas paralelas, más piezas en el tablero. Eso tiene sus ventajas y sus costes.
La crítica y el público en general consideraron que la temporada superó las expectativas, destacando las actuaciones centradas en los personajes, especialmente las de Cox y D’Onofrio. Y es justo. Vincent D’Onofrio como Fisk sigue siendo una fuerza de la naturaleza. Hay algo fascinante en cómo ese hombre convierte a un señor del crimen en alcalde de Nueva York y lo hace parecer completamente plausible. En 2025-2026, además, el chiste se escribe solo.
Conclusión sobre la primera temporada
Daredevil: Born Again es una serie muy buena que carga con el peso de ser la continuación de algo casi inmejorable. No lo supera, pero tampoco deshonra el legado. Recupera a los personajes con el respeto que merecen, construye una trama política oscura y adulta que encaja mejor en el universo Marvel de lo que esperaba, y deja suficientes hilos abiertos como para que la segunda temporada (que ya está aquí, por cierto) llegue con ganas. Cuando la vea, hablamos.
Por ahora, si sois fans de la etapa Netflix, podéis entrar tranquilos. El diablo de Hell’s Kitchen sigue siendo el diablo de Hell’s Kitchen. Y eso, en el estado actual del UCM, ya es mucho decir.











