Este Cannes se siente diferente, no en su forma sino en su fondo.
Sigue con su vibra mágica, su energía singular y su belleza inigualable. Volvemos al festival más lindo del mundo, pero esta vez, es diferente.

Cannes vuelve a su esencia más íntima, a su ADN de alguna manera, regalándonos más películas de autor y menos comerciales. Películas de todas partes del mundo, unidas por lentes independientes en muchos de los casos, donde lo que reina es el arte y no el glamour, el arte y no el box office, el arte, el arte, el arte…
Con mencionar el glamour y el box office, no quiero que se interprete como algo negativo, ambos elementos son sin duda alguna parte de lo que hace la magia del cine y lo que hace, a su vez, que amemos este festival, pero esta vez se deja un poco de lado el flash y vuelve a centrarse en un cine más de autor.
Dicen que el buen hijo siempre vuelve a su casa y muchos de los hijos de Cannes se encuentran de nuevo en esta edición: Pedro Almodóvar, Asghar Farhadi, Hirokazu Kore-eda, y Cristian Mungiu, por ejemplo. Es como si de verdad se tratase de un ejercicio para volver al pasado en un presente demasiado superficial, en un mundo que se mueve sólo por lo que te puedes dar y no por lo que puedes ser.
Incluso la película que abrió el festival fue una decisión inusual: una comedia. Una comedia magnífica debo destacar, del director Pierre Salvadori, La Vénus Électrique, y es que empezar el festival con risas fue la mejor manera de darle pie a tan hermoso evento. La conferencia de prensa fue sumamente interesante, y cargada de comedia, con Gilles Lellouche presente es difícil no reírse. Ese humor francés tan característico y lleno de sarcasmo que Lellouche maneja a la perfección.
Y si de conferencias hablamos, la del jurado fue simplemente perfecta. A mi parecer, esta ha sido la mejor selección de jurados en los últimos años, puras mentes brillantes y con una manera de hablar que solo demuestra inteligencia, en especial, en el caso del guionista Paul Laverty, del cual quedé completamente flechada. Su conocimiento de historia antigua, conjugado con su amor por el cine, su sensibilidad con lo que sucede en el mundo actual y su experiencia dentro de la industria, hizo que diera explicaciones filosóficas de una divinidad sublime. El resto del jurado liderado por el irrepetible Park Chan-Wook no es menos interesante. Cada uno aportó respuestas inteligentes, pensadas y bien elaboradas. Destaca Demi Moore cuando se le pregunta sobre la Inteligencia Artificial: “Tenemos que convivir con ella, no pelear en su contra ya que es una guerra que no ganaremos. Hay que utilizarla a nuestro favor. De todos modos, la tecnología nunca podrá reemplazar lo que nos hace humanos, que es nuestra creatividad”.

La Palma de Oro este año se la lleva el cineasta neozelandés Peter Jackson, y qué honor verlo y escucharlo hablar de su carrera, sobre todo cuando dijo: “Nunca en mi vida me hubiese esperado este honor, porque uno no espera lo que no cree que puede tener. Yo nunca he aspirado a ser un atleta, porque simplemente no lo seré nunca, lo mismo pasó con la Palma de Oro, porque no hago filmes que se parezcan a los galardonados con este honor”.
Todo esto, pasando por una ceremonia de apertura inolvidable, con unas hermosas palabras de la parte del maestro de ceremonia de esta edición, Eye Haïdara, hasta nuestra primera entrevista con el argentino Federico Luis. Todo ha sido maravilloso en los primeros días del festival.
Esperen la entrevista al director por su película Para los contrincantes.











