Aunque en los últimos años los biopic se hayan convertido en un género en sí mismo cuyo principal objetivo sea ganar premios, lo cierto es que hay ocasiones que la figura principal de la historia o los nombres detrás del proyecto son tan atractivos que garantizan también una buena taquilla hasta el punto de ser considerados blockbusters por derecho propio. Ejemplos de este siglo se me vienen a la cabeza Lincoln de Steven Spielberg, Oppenheimer de Christopher Nolan o en el terreno musical, Bohemian Rhapsody, donde en todos los casos el actor protagonista terminó por ganar la estatuilla en los Oscars. Es pronto para saber si el actor protagonista de la película de hoy correrá la misma suerte, pero viendo los antecedentes no sería descabellado pensar que puede haber algún reconocimiento.
La historia sigue la vida de Michael Jackson, desde los inicios con su familia liderando los Jackson 5 hasta su meteórica carrera en solitario que le llevó a convertirse en el artista más importante de todos los tiempos.
Podría poner la mano en el fuego, y no la perdería al afirmar que no importa qué edad tenga una persona ni de qué país o de qué región del mundo proceda, que todos saben quien es Michael Jackson. Su figura ha trascendido el espacio y el tiempo y su legado musical es impepinable, por lo que era cuestión de tiempo que se le dedicase un biopic al Rey del pop. Puedo entender que es complicado comprimir la vida de este artista en hora y media o incluso dos horas, por lo que el formato serial le habría venido mejor. Lo que no puedo comprender es cómo se pretenden contar algunos de los momentos más importantes de la vida de Michael Jackson como pueden ser el rodaje de Thriller o el proceso de composición de los discos Off the wall o el propio Thriller y se sienta igual de estimulante que leer una página de Wikipedia o que ver un video resumen de YouTube, donde se exponen los hechos pasando de uno a otro con poco sentido de la espectacularidad, tan solo señalando los sucesos.
Si se tiene en cuenta que la cinta ha salido adelante al estar aprobada por Optimum Productions, la propia productora de Michael Jackson, no es de extrañar el retrato más amable que hace de la figura del artista. Sin embargo, uno puede ser respetuoso con su legado y con su figura sin ser maniqueo, algo en lo que este filme fracasa estrepitosamente. Durante todo el metraje Michael es presentado como una persona que podría ser la segunda reencarnación de Jesucristo, alguien tan bondadoso y con una inocencia más propia de un niño que está tan llevada al extremo hasta el punto de no resultar del todo creíble. Y si él es la representación de la cara más amable, el contraste por supuesto debe ser el padre, Joseph, quien es la representación de lo malo, de explotar a la familia con tal de tener rédito económico, de presionar a sus hijos y en especial a Michael con el pensamiento tóxico de que en la vida solo hay ganadores y perdedores; y de no importarle nada más que la gloria y la fama.

El conflicto que mantiene Michael con Joseph durante todo el filme podría ser más estimulante de lo que realmente termina siendo, ya que a pesar de que se ve el miedo en su mirada o haya huida de la confrontación por parte de Michael, Joseph en ningún momento es el gran obstáculo para que él pueda cumplir su sueño ni frena su ambición. De hecho, es increíble como Michael consigue todo lo que se propone como si no hubiese tenido ningún bache por el camino, y si lo hay, se comete el error de contarlo en vez de mostrarlo. No es hasta el minuto 90 donde hay un gran inconveniente, un golpe dramático que obliga a poner el freno en su carrera y que se siente como la primera vez en toda la película donde se muestra que ese camino por ser la mayor estrella de todos los tiempos no siempre es fácil.
A pesar de todos los problemas narrativos y de las decisiones estilísticas que tan solo son correctas, hay que admitir que Jaafar Jackson como Michael es lo que hace que la película salga adelante. El nivel de mimetización, de control de la voz, de manierismos y de secuencias en las que el actor desaparece para fusionarse con Michael es un trabajo impresionante. Y para esa caracterización los departamentos artísticos de peluquería, maquillaje, vestuario e incluso diseño de producción también se lucen con mucho esmero para recrear exactamente momentos icónicos, por mucho que la cámara y la dirección nunca sepan aprovecharlos del todo.
En resumen, este biopic sigue la línea de Bohemian Rhapsody. Una recreación correcta de eventos importantes de su protagonista donde el mayor testamento es el catálogo musical, pero que deja con la sensación de que una figura de semejante calibre se merecía una película a la altura de su nombre.











