El vídeo de Benny

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El vídeo de Benny

Con el auge de nuevas formas de consumo de contenido digital han surgido el mismo número de ventajas e inconvenientes. Es fácil tener en el teléfono móvil acceso a la información y a casi cualquier tipo de contenido que uno quiera, además de facilitar en teoría conexiones con cualquier persona en el mundo. Sin embargo, de forma curiosa, están surgiendo movimientos cuyo afán es preservar el formato físico, no por nostalgia, sino porque poseer un disco, una película, un videojuego o un libro asegura que el soporte de ese contenido no sea maleable. Y aunque el discurso sobre el contenido de los medios y los efectos sobre la sociedad ha generado incontables estudios, Michael Haneke prefiere diseccionarlo de la forma que solo él sabe hacer.

Benny es un chico de 14 años obsesionado con las cámaras y las cintas de vídeo caseras. Sus padres ausentes, Georg y Anna, para compensar el poco tiempo que pasan con él le otorgan un buen equipo de vídeo sin saber que la obsesión de su hijo va mucho más allá. Fascinado por la grabación donde se sacrifica a un cerdo, Benny se verá influenciado a cometer un acto atroz.

Si se está familiarizado con la filmografía de Haneke, uno es consciente de que el estudio sobre la violencia en la familia y en la sociedad es un elemento recurrente dentro de su estilo. Tampoco se trata de la única ocasión en la que el realizador austriaco ha abordado la violencia a través de cintas de vídeo y el voyerismo tanto de los personajes como el indirecto papel pasivo del público. Sin embargo, con la película de hoy al estar situada en plena década de los 90 encaja con todo el zeitgeist. La cinta comienza sin dar ninguna tregua, exponiendo de forma directa el contenido del VHS con la matanza de ese cerdo, presentada de una forma tan fría y natural, como algo de fondo que se reproduce en una televisión, que se puede reproducir tantas veces se quiera o pausar para examinar un fotograma en concreto.

Con este contundente punto de partida, el tono frío y distante que tanto caracteriza el cine de Haneke va a estar presente a lo largo de todo el filme a través de sutiles detalles. El cuarto de Benny con las cortinas cerradas mientras ve la vida exterior a través de cámaras de vigilancia, el bombardeo de noticias en la televisión de guerras, conflictos o crímenes mientras los personajes siguen con sus vidas y tratan esos sucesos como ruido blanco; la preferencia de Benny y su madre en vacaciones de filmar lo que están experimentado en el momento en vez de vivirlo al 100%, o la inquietante calma de la familia una vez se revela el acto de Benny están tratados con la precisión de un cirujano, y el público debe salir de su mero papel como espectador y hacer una pequeña reflexión sobre si tal vez no está tan alejado de los personajes que se ven en pantalla.

El vídeo de Benny

Para cuando estalla el evento terrible a manos de Benny, la forma en la que se muestra no es distinta de esa distancia fría a través de la pantalla, con un plano estático y prolongado desprovisto de cualquier elipsis. Se obliga a los espectadores de manera indirecta a afrontar lo que están viendo sin paños calientes y casi sin apartar la mirada. ¿Qué diferencia tiene esa acción de Benny con las noticias acerca de la guerra en Yugoslavia? ¿Por qué la reacción ante el video del cerdo es una y con la acción de Benny es otra? Y ni hablar de los padres y su forma de reaccionar, de una forma fría, pragmática y en la que no se pueden permitir perder el control ya que su reputación estaría en juego.

Con este método, estilo y temas, la historia se condensa correctamente a lo largo del metraje, y si bien el punto de hacer difusa la línea entre público y personajes mediante la violencia es loable, por el estilo de Haneke de prolongar la duración de la secuencia de una manera menos ortodoxa el filme puede sentirse alargado de más, donde hay escenas que no parecen tener un propósito claro. Forma parte de su propio ritmo narrativo y ya casi que es parte de la impronta del realizador, por lo que no pilla de sorpresa pero tampoco hace que en determinados momentos no se sienta estirado de más.

Con toda la ambientación y la distancia que trata de coger la cámara, no debería sorprender que las interpretaciones sean acordes. Arno Frisch como el protagonista, Benny, resulta inquietante por la calma con la que opera a través de su propia lente y que no le diferencia mucho de un psicópata incapaz de mostrar emociones y capaz de manipular sutilmente las situaciones a su antojo. Es curioso también el entorno familiar, Ulrich Mühe como Georg, el padre, parece mostrar la misma fría calma para mantener la imagen impoluta, o Angela Winkler como Anna es la cara literal de esas grietas no tan perfectas en la dinámica familiar.

En resumen, se trata de un gélido estudio sobre la violencia mediática del que indirectamente el público tiene un papel crucial.

LA NOTA DE FILMFILICOS

EN POCAS PALABRAS

Un análisis sobre el consumo de la violencia que lejos de ser maniqueo, pone al espectador y a sus protagonistas en una posición fría e incómoda.

3,5
Angela WinklerArno FrischCine austriacoDramaMichael HanekeSuspenseUlrich Muhe
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Autor/a

Palomiix (AKA Paloma Sztrancman)

Autobiografía: Graduada en Comunicación Audiovisual, pero eso es una simple excusa para pasarme el día viendo películas y series como si no hubiese mañana. Y si a eso le sumamos la lectura tenemos el 90% del tiempo pillado. Frase: "Dame una taza de chocolate y una buena historia. No necesito más para ser feliz".

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