Hay títulos que sabes que van a joderte la tarde desde el minuto uno, y «Érase una vez…» es de esos. Porque claro, cuando en español le pones a una película el título más genérico y manido posible, es que ni te has molestado en pensarlo dos segundos. Come Away se llama originalmente, y aquí decidieron que con un «Érase una vez…» ya estaba todo dicho. Y quizás por eso mismo, con ese nombre de cajón de sastre, la película pasó por nuestras carteleras sin pena ni gloria, a pesar de haberse estrenado nada menos que en el Festival de Sundance.
Sinopsis y ficha técnica de Érase una vez…
Dirige Brenda Chapman, la misma que en su día se llevó el Óscar a Mejor Película de Animación por Brave: Indomable y que antes había pasado por El príncipe de Egipto. Aquí firma su debut en imagen real, con guion de la debutante Marissa Kate Goodhill. La premisa tiene su gracia sobre el papel: Peter y Alice son hermanos, antes de que uno se convierta en el Peter Pan de Nunca Jamás y la otra acabe cayendo por la madriguera del País de las Maravillas. Cuando su hermano mayor muere en un accidente, la familia se resquebraja, el padre (David Oyelowo) se hunde en el alcohol y el juego, y los dos pequeños tienen que elegir entre quedarse en un hogar que se derrumba o refugiarse en su propia imaginación.
Angelina Jolie interpreta a la madre, Rose, y el reparto se completa con nombres de peso como Gugu Mbatha-Raw, Michael Caine y Derek Jacobi en papeles menores.

La reseña: cuando el envoltorio de cuento infantil no engaña a nadie
Vamos a ir al grano: la película es mala. No hace falta darle más vueltas. Y lo digo habiendo visto bastante filmografía de Angelina Jolie, con sus más y sus menos, porque tampoco es que sea una actriz de trayectoria intachable. Pero esta se lleva la palma, sin discusión. Es la peor película suya que recuerdo, y eso que ya podría permitirse ser algo más selectiva a estas alturas.
Ahora, hay algo que quiero dejar claro porque me toca especialmente las narices: he leído por ahí críticas que se quejan de que la película trata temas como el alcoholismo o la ludopatía y que eso «no es apropiado para niños». Pues no, evidentemente no lo es, porque la película no está pensada para niños. Que venga envuelta en personajes de cuentos infantiles no la convierte automáticamente en un producto familiar, de la misma manera que una película de animación no es «para niños» solo por estar animada. Es un prejuicio que seguimos arrastrando y que aquí queda muy en evidencia. Que Brenda Chapman quisiera darle un giro más adulto y oscuro a estos personajes me parece, de entrada, una idea legítima.
El problema es que la idea se queda ahí, en idea. Visualmente la película tiene sus momentos, algún plano que se nota que está pensado por alguien que sabe de composición y que no es cualquiera detrás de la cámara, pero nada que llegue a sostener el conjunto. Y el reparto, con todo lo que promete sobre el papel, no consigue que te enganches a la propuesta en ningún momento. Yo, al menos, no entré. Ni con Jolie, ni con los niños protagonistas, ni con ese batiburrillo de referencias a Peter Pan y Alicia que se queda más en guiño superficial que en relectura interesante.
Si buscáis a Angelina Jolie sacándole todo el partido a un cuento reinventado, mejor tirad de Maléfica, donde sí que funcionó la fórmula. Aquí, en cambio, el cuento se queda a medio contar.











