Voy a empezar por lo raro: la película que os traigo hoy iba a llamarse Supergirl: Woman of Tomorrow y se quedó, sin previo aviso, en un escueto Supergirl. Según contó el propio James Gunn, está hasta las narices de los subtítulos con dos puntos en las películas de superhéroes (algo que tiene su gracia viniendo de quien nos coló Guardianes de la Galaxia Vol. 3 sin despeinarse). Ese gesto, aparentemente tonto, resume bastante bien lo que os vais a encontrar: una película que quiere ser más pequeña, más íntima, más «de autor» que el resto del nuevo Universo DC… y que se queda a medio camino.
Sinopsis y ficha técnica de Supergirl (2026)
Supergirl es la segunda entrega del nuevo Universo DC (DCU), la casa que dirigen James Gunn y Peter Safran tras el estreno de Superman el año pasado. Dirige Craig Gillespie (el mismo de Yo, Tonya y Cruella) sobre un guion de Ana Nogueira, y está protagonizada por Milly Alcock (sí, la Rhaenyra joven de La Casa del Dragón) como Kara Zor-El.
Aquí toca aclarar algo que casi nunca se cuenta en las películas de superhéroes: de qué cómic viene la cosa. Esta Supergirl adapta, con matices, la miniserie Supergirl: Woman of Tomorrow, escrita por Tom King y dibujada por Bilquis Evely en 2021, uno de esos tebeos que la crítica especializada trató casi como una pequeña joya por su tono adulto y su estructura de western crepuscular.
Y es que la trama, sin entrar en destripes, es básicamente eso: un western espacial. En su cumpleaños número 21, Kara viaja por la galaxia junto a Krypto cuando aterrizan en un planeta bajo un sol rojo (que anula sus poderes) y su perro termina herido a manos del villano Krem de las Colinas Amarillas (Matthias Schoenaerts). A partir de ahí se une a la joven Ruthye (Eve Ridley), que busca venganza por el asesinato de sus padres, en un viaje que tiene mucho más de Logan o Valor de ley que de blockbuster de capa y superpoderes: el propio Gillespie ha citado ambas, junto a John Wick, como referencias directas a la hora de rodar.
Completan el reparto David Krumholtz y Emily Beecham como los padres de Kara, Jason Momoa dándolo todo como Lobo, y un cameo de David Corenswet como Superman que ata la película al resto del DCU. La fotografía es de Rob Hardy y la música corre a cargo de Claudia Sarne. Se estrenó el 26 de junio de 2026 y dura 108 minutos. Ya ves, estoy rellenando, porque no hay mucho más que decir.

Crítica de Supergirl: cuando el DCU quiere ser Marvel
Voy a confesar algo: cuando me hablaron de esta película pensé que Gunn estaba detrás del guion o la dirección, como en Superman. Y no. Su papel aquí es el de productor ejecutivo, el que pone el sello y vigila que todo respire el mismo aire de «Universo DC, versión 2.0, ahora sí en serio». Y se nota, para bien y para mal.
Para bien, porque hay una idea interesante en el fondo: mostrarnos a una Supergirl rota, sin ganas de salvar a nadie, arrastrando el duelo de Kryptón como quien arrastra una maleta con las ruedas rotas. Milly Alcock lo defiende de maravilla, y sinceramente no entiendo tanta crítica hacia su interpretación cuando, para mí, es lo único que sostiene la función de principio a fin.
Para mal, porque el resto se queda muy corto. El guion apenas da para un cortometraje bien estirado, los personajes secundarios no dicen absolutamente nada, y la acción, que debería ser el gancho fácil, me aburre visualmente, como si la hubieran rodado con el piloto automático puesto. Es la sensación que me deja últimamente el DCU: querer parecerse a Marvel en tono, en estructura, en la forma de encadenar guiños… pero cuando pierdes tu propia personalidad para imitar la de otro, lo normal es que te salga una copia, y nunca una copia mejor que el original.
Y el perro… en Superman me hizo gracia, aquí, no sé si porque sale más… el CGI empleado es horroroso. Quizás solo me pase a mi, pero en ocasiones parece un torpe robot de esos que dan patadas, o en este caso mordiscos. Vamos, que no me dejaron disfrutar de lo que más me gustó de Superman, el perrete.
Para cerrar la reseña
No quiero ponerla a parir, porque hay ideas ahí dentro que merecían una película mejor (o quizás una miniserie, que le habría venido de perlas para respirar). Pero entre el guion raquítico y una puesta en escena que no despega del todo, Supergirl se queda en ese terreno incómodo del «está bien, supongo», que para una superproducción con este presupuesto es un fracaso silencioso. Veremos si el DCU encuentra su propia voz antes de que se le acabe la paciencia al público.











