Si se descuentan sus dos trabajos televisivos, han pasado 10 años desde que Nicolas Winding Refn firmó su último largometraje, nada más y nada menos que la amada y odiada a partes iguales The Neon Demon. Para sorpresa de nadie, desde su estreno en el festival de Cannes el recibimiento de la película ha estado marcado por opiniones para todos los gustos, indicando que esta propuesta es café para cafeteros que comulgan con el estilo tan radical del director. Y que si por el contrario sus trabajos más recientes no han sido plato de buen gusto para sus detractores, este nuevo trabajo no va a ser el que les haga cambiar de opinión.
Elle es una actriz que llega a un hotel en una ciudad futurista engullida por una misteriosa y peligrosa niebla. El objetivo de Elle al llegar al hotel es filmar una película, pero también buscar a su padre. De forma paralela, un soldado estadounidense busca a su hija perdida por todos los rincones del infierno.
Su hubiese que definir esta cinta del realizador danés, el resultado podría ser un híbrido entre Solo Dios perdona y The Neon Demon, con todo lo bueno y lo malo que suponen estas referencias elevadas para triplicar la apuesta. Aunque de forma temática y estética no solo se reconoce su estilo, sino también pequeñas inspiraciones en David Lynch o Dario Argento por su narrativa poco convencional, componente onírico y semi homenajes al giallo. Y es que todo el trabajo de construcción estética es lo mejor que ofrece el filme, pues pocos directores ponen tanta dedicación en construir un universo estético tan reconocible a través de paredes empapeladas, luces de neón en cada fotograma, escenarios retro futuristas con un tratamiento preciosista del encuadre, una combinación precisa entre la violencia salvaje y estilizada, un cuidado por el vestuario y maquillaje de sus personajes que los hacen parecer criaturas de otro mundo, y en este caso en particular, la banda sonora cortesía de Pino Donaggio termina de redondear la experiencia audiovisual, dándole una atmósfera que podría situar la historia en un punto del cine clásico de suspense o uno de los primeros trabajos de Disney.
La pregunta que concierne en este caso es ¿hasta qué punto una estética con un tratamiento tan exquisito puede sostener por sí sola toda la cinta? Mas si la historia que pretende contar solo se vislumbra a través de metáforas, temas de fondo, diálogos crípticos, datos que se mencionan pero que no terminan llevando a ninguna parte y una línea argumental difusa. Con anteriores trabajos el director ya había bordeado esta fina línea entre un universo estético que seguía siendo lo primordial, pero se podía ver una historia que si bien era simple, estaba presente y daba cierto sentido de ser. Aquí hay que hacer un esfuerzo por tratar de seguir el hipotético hilo de la historia, pues al final es un ejercicio de contenido sobre sustancia. Por supuesto, las escenas donde están más presentes las pulsiones sexuales o violentas son donde mejor se puede intuir las intenciones de la historia, las motivaciones de los personajes que hasta entonces parecían ensimismados en su flotar en el éter o que los sacan de una aparente pasividad para generar algún tipo de emoción. Pero no son más que pequeños oasis de lo que podría haber sido y finalmente no es, cediendo el conjunto exclusivamente a vibras.

Con un concepto tan abstracto, es fácil que las interpretaciones de los actores puedan ser calificadas de valientes al adentrarse en un proyecto de este calibre, o bien que al ser tan bizarra la película el reparto no tenga una dirección concreta y se vean abocados a comportamientos que se verían adecuados bajo el prisma de la comedia. Si bien en lo personal si puedo apreciar el compromiso con la película, ninguno de los personajes trasciende más allá del boceto, ya que ellos no son lo importante sino todo el decorado que los rodea. Tal vez los que más destaquen sean Havana Rose Liu como Dominique, pues su personaje se presenta como el más ambiguo y por ende interesante; y Diego Calva como Nico, que si bien no tiene muchos minutos en pantalla, su aparición desde luego causa una impresión de peligro.
Puedo entender el papel predominante que puede tener un estilo visual, un tono más contemplativo o incluso una narración no lineal que no se detenga a subrayar el subtexto. Sin embargo, para esta ocasión Winding Refn quizá se haya pasado de frenada, dejándose llevar por sus vicios más de la cuenta y dando una historia aparentemente vacía tan solo sostenida por su impecable gusto estético.











